viernes, 30 de diciembre de 2016

AMAR

viernes, 30 de diciembre de 2016



Esta no era precisamente la entrada que tenía pensada para el día de hoy, más bien tenía programada una reflexión sobre mi balance personal del 2016 y mis expectativas para el 2017. Pero mientras me encontraba acostando a mi hijo, me he quedado un ratito disfrutando del echo de verlo dormir, sentir su respiración y acurrucarme a su lado. 

A mi mente acudió un pensamiento que desde antes de ser madre, ya tenía en muchas ocasiones, ¿cuantos niños se ven privados de cariño y atención? ¿cuantos se acuestan cada noche sin un beso en su mejilla, sin una caricia y sin una mirada de amor? Entonces empecé a  pensar en todos los emails, mensajes privados y comentarios que me están llegando en los últimos días, no solo a mi cuenta personal, sino también a través de la de @desenredandoelhilo. Todos y cada uno de ellos, aunque parezca sorprendente, tienen un factor en común, el AMOR. 

Cuando amamos de verdad, somos más tolerantes con la persona a la que amamos, cuidamos el lenguaje que usamos para dirigirnos a ella. Probablemente también nos sale a flote nuestra generosidad y altruismo, no nos cuesta tanto ofrecer ayuda o un hombro donde llorar. Cuando amamos, nuestra paciencia con la persona amada es mayor,  y tenemos una mayor predisposición para mimarla y cuidarla.

Tolerancia, generosidad, altruismo, paciencia, cualidades tan necesarias en nuestra sociedad, pero que todas ellas se resumen en un mismo acto, el de AMAR.

Si cuando hablásemos lo hiciésemos desde el amor, seríamos más conscientes de respetar con nuestras palabras a la persona a la que nos dirigimos. Si cuando alguien necesita ayuda lo viésemos desde el amor, no nos costaría tanto ofrecerla. Si cuando viésemos a alguien sufrir, nuestra mirada la enfocaramos desde el amor, pensaríamos mucho menos en nosotros y en nuestras propias necesidades, e intentaríamos poner nuestro grano de arena para aliviar su dolor.

Así que meditándolo bien, mi deseo para el 2017 es que cada uno de nosotros, eslabones de una misma cadena, la de la vida, encontremos la capacidad de amarnos, y que el efecto de nuestras acciones sobre los demás sea el adecuado, y no añadamos sufrimiento y dolor a este mundo.

Gracias por acompañarme en mi último paseo de este año, os espero en el primero del año que viene. No os olvidéis de amar.




viernes, 23 de diciembre de 2016

Quién soy...

viernes, 23 de diciembre de 2016


Hace tiempo quería escribir sobre este tema porque lleva meses rondándome por la cabeza. Como madre de corazón, sé que llegará el momento en el que  mi hijo se cuestione su identidad, su filiación a nuestra familia y su papel como hijo dentro de la misma. Sí, es cierto que aun es pequeño, pero el terreno hay que ir preparándolo desde el principio.


Buscando información por internet sobre este asunto apareció un artículo interesantisimo, del cual os dejaba un pequeño extracto en mi perfil de instagram. Su autora, Marta San Martino Pomes, que no solo se limita a ilustrarnos sobre los mayores reveses que podamos encontrarnos, sino que además nos da las pautas para afrontarlos, distribuidos y adecuados a las distintas etapas de edad de nuestros hijos.

De entre sus párrafos hay varios que me gustaría destacar especialmente, y que a continuación os detallo:

 “¿qué trabajo mental debe realizar el niño adoptado para poder continuar sintiéndose sí mismo cuando pierde de un momento a otro todos sus puntos de referencia ambientales, tanto de objetos como de relaciones  interpersonales, de idioma, de sabores, de cambio de nombre, etc.?" - Me recordó tanto a mi primera entrada en el blog (disponible aquí)



"La herida del menor adoptado no es la adopción, es el abandono. El sentimiento de abandono genera un gran sentimiento de soledad, rabia e incomprensión. No se puede separar abandono y adopción. El sentimiento de abandono afecta directamente al vínculo y a la autoestima. Cuando una persona crece pensando que quien le dio la vida lo abandonó, piensa que es alguien “abandonable”. Ello le lleva a tener una mayor desconfianza en los vínculos y a pensar que todo vínculo que establezca puede romperse."


"Conviene pensar en profundidad en ¿qué significa ser padre?: ¿dar la vida, o criar y sentar las bases para el desarrollo del hijo? Padre es quien cuida (con todo su significado), quien ama, quien cría, quien convive con el hijo. Engendrar no nos constituye como padres si no hay una continuidad."



"Los padres adoptivos deben asumir que están haciendo un relevo: “otros” le han dado la vida y “ellos” le dan el resto. Desde el momento de la adopción todo el pasado biológico del hijo pasa a formar parte de la familia adoptiva. Debe ser una historia compartida por todos para que el hijo no se sienta solo con sus orígenes: como son suyos también son de los padres. El hijo no busca unos padres cuando piensa en su pasado biológico sino que busca completarse, llenar un vacío."


Esto solo es una muestra de lo esclarecedor y útil que a mi, personalmente, me ha parecido este artículo, si sentís más curiosidad podéis leer el articulo en su totalidad aquí 


Los padres adoptivos tenemos la responsabilidad de poner todo nuestro empeño en que construyan su identidad de la mejor manera, sabiendo que será la clave de su futura felicidad. Al igual que cualquier otro padre que ama, sufre, lucha y educa. A veces con las mismas preocupaciones, en otras ocasiones, diferentes, pero preocupaciones al fin y al cabo. Simplemente somos padres, sin adjetivos. 

Gracias por acompañarme en mi paseo de hoy. Aprovecho para desearos unas Felices Fiestas. Nos leemos.






martes, 20 de diciembre de 2016

@desenredandoelhilo

martes, 20 de diciembre de 2016


Logo diseñado por @jamesjack


Parece que hace ya un siglo del aquel día de finales de mayo de hace más de cinco años, en el que entrabamos por la puerta de la Consejería, dando los primeros pasos de nuestro proyecto de vida: ser padres.

Desde ese mismo momento nacía también la necesidad de conocer, hablar, intercambiar miedos, ilusiones, y sobretodo poder escuchar la experiencia de otros padres adoptivos. Al contrario de lo que ocurre con un embarazo, la adopción no es un tema del que puedas hablar con tus amigas mientras te tomas un café. Lo más probable es que nadie de tu entorno te pueda contar cómo fue su embarazo de elefanta, ni cómo sobrellevo la larga espera, o cómo fue el momento de su asignación. Nadie te dirá cuales eran sus temores, cómo vivió el encuentro con su hijo, ni cómo se desarrollaron las primeras semanas. Pero aún así tú necesitarás saberlo, necesitarás conectar con gente a la espera como tú, necesitarás enriquecerte con las historias de aquellas familias que han recorrido ese camino antes que tú.

Esa misma necesidad la sentimos cada una de las familias que nos embarcamos en el viaje de nuestra vida. Y así fue como la adopción trajo a nuestras vidas una red de amigos,  algunos ya los consideramos como familia, con los que vivimos todos los altibajos de nuestra espera. Esas largas charlas, llamadas telefónicas y miles de cafés fueron uno de los motores principales en ese embarazo interminable. 

Ahora como familia ya formada, y viendo el camino desde el otro extremo, esa necesidad de dar apoyo a familias que se encuentran donde nosotros estábamos no hace tanto tiempo, me parece una labor que no puedo eludir. 

Entre otros objetivos que iréis conociendo, es precisamente este, uno de los motivos principales por los que nace @desenredandoelhilo el proyecto que vio la luz ayer en Instagram y en el que mis compañeras @martigim @mariapomata @malenitapita @enmozan @almuchena y yo, hemos depositado todas nuestras ganas e ilusiones, y en el que esperamos nos ayudéis a dar forma con vuestras experiencias, vivencias e historias, porque la verdadera riqueza reside en lo que aprendemos de los demás.

Si aún no habéis tenido oportunidad de ver el maravilloso vídeo que Marta (@martigim) realizó para la presentación del proyecto, aquí os lo dejo. Ser bienvenid@s.




miércoles, 14 de diciembre de 2016

Enredadas

miércoles, 14 de diciembre de 2016


"Cuando las telas de araña se unen,
pueden atrapar un león"
(proverbio etíope)

En un momento dado de nuestro proceso de adopción, llegó a mi este proverbio etíope. Desde ese mismo instante lo hice mío, y como si de un mantra se tratase, me lo repetía a menudo, sobretodo en los momentos más duros. Me recordaba que mi marido y yo eramos un equipo, remando en la misma dirección y con el mismo sueño en nuestro corazón. Que juntos podríamos superar cualquier batalla. Lo he interiorizado tanto, que sigue formando parte de mi. Es mi lema, mi frase de guerra. 

Hace unos meses el famoso algoritmo de instagram me recomendaba el perfil de alguien que realmente me interesaba. La seguí durante unas semanas, y un día su mensaje me hizo revivir tantos instantes pasados, tanta incertidumbre. Sabía que acababa de llegar a uno de los valles de su montaña rusa particular, así que venciendo mi timidez decidí enviarle un privado.

De aquella decisión tomada en cero coma segundos, junto con los hilos que nos unían, me hicieron llegar hasta cuatro personas más, y en ese preciso instante nace nuestro grupo de seis madres, algunas con nuestros hijos en el hogar, otras con ellos creciendo en su corazón, pero las seis con las mismas inquietudes, ilusiones y miedos.

Y así es como estas seis arañas comienzan a tejer sus telas, a elaborar un tapiz cargado de largas conversaciones, proyectos y ante todo ganas de ayudar. Hace unos días, tuvo lugar un encuentro muy esperado y deseado. Unos días maravillosos donde pudimos, por fin, mantener en persona esas charlas que nos habían tenido en vilo horas al lado de nuestro teléfono móvil. 

Rodeadas de nuestras familias, de los juegos y risas de nuestros hijos, dimos las últimas puntadas a nuestras telas. Hemos reído y hemos llorado, hemos exteriorizado nuestros temores, nuestras ilusiones y poco a poco nos dimos cuenta que el tapiz está terminado, que es nuestro momento. Estamos preparadas, vamos a por a nuestro león.

 #desenredandoelhilo #muypronto 







viernes, 2 de diciembre de 2016

Gracias

viernes, 2 de diciembre de 2016

La semana pasada hablando de mis miedos os contaba que en un momento de mi vida, para superar el miedo a no ser madre, tuve que replantearme toda mi existencia como ser humano, y valorar que cosas positivas había en mi vida frente a las negativas. Este ejercicio de reflexión me ayudo muchísimo a valorar los pequeños momentos de felicidad, e intentar exprimirlos al máximo.

Años más tarde, en una de las clases de Disciplina Positiva a las que acudí, la ponente nos contaba que una de las pautas que aconsejaban realizar era la de al finalizar el día, sentarse cinco minutos con los niños y recapitular las cosas positivas que habían ocurrido durante el mismo.

Reconozco que aquello se me quedó grabado, pero A todavía era muy pequeño y no consideré que fuese el momento apropiado para incorporarla a nuestros hábitos, así que hasta hace poco no la introducimos dentro de nuestra rutina diaria. Pero ¿por qué no añadir también un agradecimiento?

He de reconocer que es uno de mis momentos preferidos del día, ya no solo por el hecho de compartirlo los tres juntos, que también, sino por que veo que funciona. Que acabar el día recordando aquellos gestos, actos u acciones que nos gustaron, nunca mencionamos cosas materiales, reconforta el alma, te da energías para afrontar el día siguiente, y lo que aún me parece más fundamental, creo que es una buena base para que en momentos difíciles nuestros hijos aprendan a buscar el lado positivo y no se dejen enredar por emociones negativas.

Otro factor que me gusta de esta práctica es que a través de la misma les incentivamos a comunicarse, compartimos un momento en familia, en el que todos escuchan a todos, aprendemos qué cosas hacen felices a nuestros seres queridos, y les enseñamos que la felicidad reside en los pequeños gestos. En esa sonrisa que llegó en el momento adecuado, o en la persona que te abrió la puerta cuando venías cargada de bolsas, o quizás en un rayo de sol que entra por la ventana y hace que te pares un instante para observar la vida al otro lado de la calle, o en ese ratito en el que los abuelos estuvieron jugando con nosotros. Si nos paramos a pensar, hay muchos motivos por los que dar las gracias cada día.

A lo largo de nuestra jornada diaria sufrimos un montón de estrés, siempre andamos a contrareloj y es probable que no nos percatemos de esos instantes que marcan la diferencia, por eso sentarse, hacer memoria, revivirlos y compartirlos con tu familia me parece importantísimo. Obviamente yo no soy ninguna experta en educación y me limito a daros una opinión personal sobre una costumbre que hemos implantado en casa y que me apetecía compartir.

 ¿Y vosotras ? ¿Que pequeñas cosas marcan la diferencia en vuestro día a día?
viernes, 25 de noviembre de 2016

MIEDO

viernes, 25 de noviembre de 2016




De siempre, los grandes miedos de mi vida han sido dos: perder a mi madre y quedarme sin hijos. Y que curiosa es la vida, que ambos me los puso bien delante.

El temor a perder a mi madre lo tuve desde bien pequeña, recuerdo que cuando tenía unos seis años hubo un pequeño periodo de tiempo en el que por la noches me despertaba agitada, llorando y llamando a gritos a mi madre, diciéndole que no quería que se muriese, que yo la necesitaba y la quería mucho. La pobre tardaba un buen rato en tranquilizarme mientras mi hermana, que dormía en la cama de al lado, refunfuñaba porque no la dejaba dormir. A día de hoy no sé qué desencadenó aquel miedo, solo que con el tiempo se me fue atenuando, que no pasando.

Por la época que le detectaron la enfermedad a mi madre, una prima lejana mía había pasado por algo similar con su padre, y recuerdo que yo pensaba que qué fuerte era, que yo no podría pasar un trance así. Y entonces llega el diagnostico, tu mundo se derriba y no sabes como continuar de pie.

Aquella batalla duró casi dos años, en los que pasé por todo tipo de fases, y en el fondo de todas ellas, el miedo a perderla.

Con mi maternidad sucedió algo similar. Durante el largo proceso de adopción hubo momentos muy complicados, en los que la balanza se declinaba mas hacia el lado del no que del si, unido a una incertidumbre enorme y de factores que no dependían de nosotros y nada podíamos hacer. No estaba de nuestras manos. Pero el miedo estaba ahí, residía en mi interior, ¿y si mi destino implicaba no tener hijos? 

Convivir con miedo es muy complicado, si te dejas llevar por él te distorsiona la realidad, te hace recrearte en él y olvidarte de lo que te rodea. Si me preguntáis por la fórmula mágica para afrontarlo, os diré que yo no la tengo, ni tampoco soy quien para aconsejar qué hacer en estos casos, porque ni tengo la formación necesaria, ni tan siquiera he leído libros de auto ayuda, sólo puedo hablar desde mi experiencia, esto es un simple testimonio. Y en mi caso la clave fue la aceptación.

Y cuando hablo de aceptación no quiero decir abandonar la lucha  y rendirse, sino todo lo contrario. Luchar desde la serenidad. Cuando hablo de aceptación, hablo de aceptar que esa situación que te provoca miedo puede darse. Aceptar que era más que probable que perdiese a mi madre, como luego así sucedió, y desde ahí, desde ese reconocimiento, aprender a valorar cada instante que pasamos juntas y agradecer los que ya habíamos vivido.

Aceptar que cabía la posibilidad de que en mi camino no se cruzase la maternidad, reconocer que esa opción existía y a partir de ahí prepararme por si se daba. Sentarme y hacer balance de mi posición como persona en el mundo, y reconocer que en mi balanza hay más peso en el lado de la gratitud y la fortuna que en el de las desgracias. Solo a partir de ese momento podría empezar a reconstruir un futuro que a lo mejor no era el que yo había planeado.

Como os digo esta es mi humilde experiencia, no puedo asegurar que sea el camino verdadero hacia la felicidad y que vuestros miedos desaparezcan. Unos entran y otros se van, os mentiría si dijese que ahora que soy madre no me han llegado nuevos miedos que antes ni tan siquiera sabía de su existencia, pero ahora al menos les digo: hola, estas ahí, te reconozco y no voy a dejarme arrastrar por ti. 

¿Y tú? ¿a qué miedo te has enfrentado? #plantandocaraalmiedo

Os deseo un buen fin de semana, nos leemos el próximo viernes.


viernes, 18 de noviembre de 2016

El Día Que Te Conocí

viernes, 18 de noviembre de 2016


El día que te conocí tu padre y yo acabábamos de aterrizar de un vuelo nocturno, ocho horas sentados, agarrados de la mano, incapaces de conciliar el sueño, preguntándonos secretamente, si por fin, después de varios años de espera y tras tener tu foto grabada en nuestro corazón durante ocho duros meses, era verdad que íbamos a verte, a tocarte, a besarte, a ser una familia.

El día que te conocí me empape de tu país, de su tráfico caótico, de los coloridos puestos de frutas, del olor a injera, especias y café que desprendían los pequeños puestos callejeros. Me empape de su música, de su idioma, de sus mujeres caminado bajo paraguas para atenuar los efectos del sol, de los niños que corrían detrás de nosotros vendiéndonos chicles o que se acercaban por curiosidad.

El día que te conocí atravesé una puerta de metal  pintada de verde, con mi corazón latiendo a mil por hora, con tal estruendo que casi no podía escuchar a los pequeños que se encontraban en clase recitando el alfabeto.

El día que te conocí subí volando un tramo de escaleras, y me planté delante de una puerta abierta. Había llegado a la sala de los bebés... y allí, estabas tú.

El día que te conocí escuché a tu cuidadora decirte que mamá y papá habían llegado, y entonces levantaste tu carita y nos miraste, extrañado, sin saber muy bien que estaba pasando, te dedicabas a estrujar un cochecito de juguete entre tus manitas.

El día que te conocí fui testigo de como tu padre se arrodillaba a tu lado y con lágrimas contenidas simulaba el ruido del motor del coche mientras tú lo observabas con tus grandes ojos marrones.

El día que te conocí me enseñaste que debía darte tu tiempo y espacio, que por mucho que me muriese por tomarte entre mis brazos, en ese instante solo conseguiría asustarte más. 

El día que te conocí me sentí inmensamente feliz, pero también inmensamente triste, porque era consciente de que nuestro comienzo como familia suponía separarte del único modo de vida que conocías, separarte de las personas que te habían cuidado hasta ahora, tus únicos referentes.

El día que te conocí deje de soñar, porque mi sueño se encontraba entre mis brazos.



Este es solo un pedacito de mi historia, pero estoy segura que muchas de vosotras tenéis historias preciosas que compartir. Mi amiga Marta (@martigim) está recopilándolas bajo el hastag #cuentamemama tanto a ella como a mi nos encantaría leerlas.

Gracias por acompañarme un viernes más, os espero en el próximo. Disfrutad del fin de semana.




viernes, 11 de noviembre de 2016

Encuentros

viernes, 11 de noviembre de 2016

Debo confesar que desde todo lo ocurrido la semana anterior, estaba un poco pérdida con respecto al contenido de la entrada de hoy. La que tenía prevista no me parecía que concordaba ni que seguía el hilo de lo anteriormente contado. Así que aquí estoy, improvisando. 

Aunque ya lo hice por instagram, no quería perder la oportunidad de daros mi más sincero agradecimiento por todo el apoyo y la participación recibida. Me ha encantado ir viendo todas las fotos, y lo más importante, leer los textos que las acompañan. Durante esta última semana me han llegado historias maravillosas, de familias de colores identificadas con mis palabras, de gente normal y corriente como yo, a la que le apetecía contarme alguna experiencia, pero debo decir que las que me han llenado el corazón son las de aquellas  personas dedicadas a la enseñanza que se vuelcan en el día a día para inculcarles valores a sus alumnos. Estas historias junto con la respuesta recibida por todos vosotros me llena de esperanza. Os animo a que continuéis usando el hastag #micolorcarnefavorito en la red.

Junto con todos estos mensajes me han llegado también referencias a proyectos que precisamente fomentan la igualdad y la concienciación social. Y no podía dejar de destacar uno de ellos, que va muy acorde al tema tratado en mi anterior post. Se trata del proyecto Pintemos Los Colores De Nuestra Piel desarrollado por Ubuntuland, con el que se pretende abastecer los centros educativos con cajas de ocho lápices color carne que ayuden a visibilizar dentro del ámbito escolar, la diversidad racial y étnica. Para ello se está llevando a cabo un crowdfunding a través de la plataforma Verkami y cuyo enlace os dejo aquí.



Quiero reseñar que las cajas de lápices serán enviadas al centro escolar que se indique en el momento de realizar la donación, así que si estáis interesados en que en el colegio de vuestros hijos/as dispongan de este tipo de material, es una buena ocasión para hacerlo, yo no desaprovecharía la oportunidad, tan solo queda una semana para que finalice la campaña.

Pero hoy no podía solo traeros esto, y me he devanado los sesos  para dar con la manera de devolveros algo del cariño que he recibido estos días. Y me he dado cuenta que lo más especial que tengo son los recuerdos de las experiencias vividas. Si tuviera que escoger solamente una, sería el día que en el que por fin, tuve entre mis brazos a mi hijo. Y ese es mi regalo para vosotros, la imagen de ese momento. Algún día os contaré esa historia. Buen fin de semana.


viernes, 4 de noviembre de 2016

Color Carne

viernes, 4 de noviembre de 2016


¿Alguien recuerda la famosa pintura color carne de Plastidecor? En mi infancia era un preciado tesoro, junto con las gomas de borrar Milan con olor a nata. De esto hace ya más de 25 años, y por desgracia parece ser que algunas cosas no cambian.

En una sociedad en la que supuestamente intentamos educar en tolerancia, igualdad y respeto hacia los demás, hay determinadas pautas que aún están muy arraigadas y que continúan interponiendo barreras.

Antes de que A llegara a nuestras vidas, mientras nos encontrábamos en plena espera, la mayoría de nuestros amigos dentro del circulo de amistades que creamos a raíz de la adopción, tenían niños que comenzaban el colegio, y fueron surgiendo "anécdotas" a raíz de su diferencia racial. La que más me marcó fue la de un pequeño de tres años, que se enfrentaba a su primer año de colegio, donde todo es nuevo y que ya suponía de por sí un cambio para cualquier niño. Un buen día, su educadora les entregó, como en otras ocasiones anteriores, un dibujo para colorear, pero con la diferencia de que en esta ocasión, había que colorearlo con la pintura de color carne. Esa misma, la de plastidecor que solo define una sola raza, la blanca. Y no nos engañemos, para un niño de tres años, si la profe dice que ese es el color carne, va a misa, independientemente de si la manita que rodea esa misma pintura, es varios tonos más oscura. Hola estereotipo, adiós igualdad.

Años más tarde, recién llegado A, y siendo plenamente consciente de que podía encontrarme con situaciones del estilo, la ocasión vino justo cuando menos me lo esperaba. El hijo de una amiga, mirando a mi pequeño me pregunta ¿Marta, por qué A no es de color carne?
Nada de por qué es negro o marrón, que es a lo que yo estaba habituada a contestar, si no, por qué no es de color carne.

Y yo me pregunto, ¿qué es el color carne? ¿alguien puede definirmelo? o será que el color carne, en sí no es un color, ¿sino una gama inmensa que admite desde el más claro al más oscuro y que ninguno de ellos es el correcto, porque todos lo son a su modo, únicos y perfectos?



Si os preguntáis que le dije a aquel pequeño, fue algo simple, algo que me salió sin planear, porque confieso que me dejo sin armas en aquel momento. Recuerdo que le expliqué que el color carne no existía como tal, que A también tenía color carne, pero otro distinto, pude ver en sus ojos que no me entendía, su mente ya estaba estereotipada con el "color carne correcto". Entonces, y aún no sé el cómo ni el por qué de mi ocurrencia, cogí su manita y se la puse en su corazón. Y le pregunté que sentía, " mi corazón latir" me dijo. Seguidamente, esa misma manita se la puse en el corazón de mi hijo, y le realicé la misma pregunta. Y mientras me contestaba que lo que sentía era el corazón de A latir, le dije, no importa de qué color carne seáis, ahí dentro sois exactamente iguales.


Sé que esta batalla acaba de empezar, y que me quedaran muchas más por librar. Tampoco está de mi mano educar a los hijos de los demás, ni tan siquiera a la sociedad. Pero en lo que pongo todo mi esfuerzo es en que mi hijo se sienta orgulloso del color de su piel, de su raza, de sus orígenes,  y que  tenga muy claro que no hay nada incorrecto en él. Y si por el camino puedo ayudar a desterrar algún estereotipo, bienvenido sea.

Y hoy tengo ganas de inciar el destierro de uno, ahí va una foto de #micolorcarnefavorito


¿Quién me ayuda a crear una galería de IG, cual catalogo Pantone, con esos colores de piel únicos?, unos más blancos, otros más rosados, amarillos, dorados, negros, pecosos,  pero todos ellos perfectos. Estoy deseando ver vuestras fotos de #micolorcarnefavorito, os animo a que participéis y entre todos hagamos una bella muestra de esas pieles que nos tienen enamoradas.

Por cierto, si os preguntáis que pasó con aquella profesora, os diré que recibió una bonita charla de cierta mamá  y una caja de pinturas Crayola  con diversos "colores carne".

Crayola Multicultural
Lyra Skin Tones




viernes, 28 de octubre de 2016

La noche más oscura

viernes, 28 de octubre de 2016

(Te recomiendo que el paseo de hoy lo disfrutes con la música que he escogido especialmente para la ocasión, pincha aquí)

¿Quién no conoce Halloween? desde hace unos años parece que esta fiesta está ganando terreno en nuestro país. Es de sobra conocido que dicha celebración americana procede de la fiesta del fin de verano o Samhain que celebraban los antiguos celtas, y cuya costumbre viajo a USA de la mano de los inmigrantes irlandeses. 

Sin embargo, esta fiesta cargada de decoraciones otoñales, calabazas talladas y de su famoso "truco o trato" no es solo exclusiva del mundo yankee. En nuestro país, sobretodo en el Norte, debido a nuestro pasado celta, también se lleva celebrando desde tiempos inmemorables. 



Incluso antes del cristianismo, el culto a los muertos estaba muy arraigado en la cultura celta. En la noche de todos los Santos, en las zonas rurales asturianas desde hace siglos se vaciaban y se tallaban calabazas, que posteriormente iluminadas por una vela, se colocaban en los huertos y en los cruces de camino. En otras zonas era costumbre que los niños se embadurnaran la cara con cenizas y recorrieran el pueblo pidiendo comida por las casas, que mas tarde cenarían en la noche de Difuntos. ¿Os suena a algo? ¿Quizás al truco o trato?

Había también quien  dejaba su cama libre porque se creía que los difuntos regresaban a dormir a casa, otros preferían dejar calderos de agua fuera del hogar para que las animas bebieran al pasar por allí.



El amagüestu, celebración en la que se toma sidra dulce con castañas asadas, y que hoy en día se celebra incluso en los centros escolares, también procede de este culto a la noche más oscura. Se creía que cada castaña que se comía, liberaba un alma del purgatorio, aquellas castañas que sobraban se arrojaban al suelo diciendo "¡Esto ye pa que xinten los difuntos!" (esto es para que coman los difuntos).

La Santa Compaña y la noche de Samaín en Galicia, también son fiel huella de esta tradición celta.  ¿Qué costumbres hay por estas fechas en vuestras regiones? Me encantaría que las compartierais por aquí. Como veis, a veces no hace falta importar ninguna festividad, nuestra riqueza cultural es extensa, disfrutemos de ella.

No quisiera despedirme sin señalar que las fotos con las que está amenizada la entrada de hoy proceden de las prácticas que mi amiga Noelia (@noevileito1 en IG) y yo, tuvimos que realizar como parte del curso de "Juegos Fotográficos" organizado por Edikeus y tutoriado por Charo Diez. Un curso 100% recomendable, ya no solo por su contenido, sino también por la sinceridad con la que Charo esgrimirá cada una de tus fotos. Además, de su mano aprenderás a cazar fantasmas.

Feliz fin de semana. Nos leemos el próximo viernes.



viernes, 21 de octubre de 2016

Al final del túnel

viernes, 21 de octubre de 2016


En nuestra primera charla informativa recuerdo que la psicóloga nos comentó que un proceso adoptivo era igual que realizar una carrera de obstáculos. Ese símil me acompañó durante todo el trayecto hasta llegar a mi hijo.

Es un camino que se inicia con mucho amor, y cargado de un montón de ilusiones. En los primeros meses, entre las charlas formativas, recopilar la documentación exigida y un millón de trámites más, sientes que estás caminando hacia tu hijo, cada poco un pasito. Pero una vez que todo eso está presentado, aprobado y enviado, os quedáis a solas tú y la espera.

Y ahí viene la parte dura, la espera. Esa espera que nunca es como tú esperas, valga la redundancia. Es raro que hablando de adopciones los plazos orientativos que manejas al principio del proceso, se cumplan. Pueden ocurrir miles de circunstancias, y la mayoría no dependerán de ti, sino del país de origen del menor. Aprender a vivir con esa incertidumbre, es la verdadera carrera de obstáculos de todo este proceso.

Los días que se convierten todos en iguales, uno tras otro, hasta que pasan meses, años, y tú sigues esperando. En ocasiones recuerdo que le decía a mi marido: me siento como en stand by. Todo a mi alrededor avanza, pero yo estoy estancada. 

Noches en silencio, pensando si tu hijo ya nacería, como sería, si estaría bien, si alguien le abraza, lo calma o le da amor cuando lo necesita. Son pensamientos inevitables en ese embarazo de corazón que te ha tocado vivir. Pero el amor con el que empezaste a recorrer el principio del camino, va de tu mano, y continuas caminando a través de ese túnel que es la incertidumbre. Hasta que un día, de la manera mas inesperada, se filtra un rayo de luz y allí al final del túnel, tu hijo.

Os imagino y os acompaño en pensamiento mientras cogéis ese avión. Vuestro rayo de luz ha llegado, volar muy alto. 

Dedicado a vosotros, ya sabéis quienes sois. Os queremos.




viernes, 14 de octubre de 2016

En algún lugar de la Mancha...

viernes, 14 de octubre de 2016
(Pincha aquí si quieres poner banda sonora al paseo de hoy)

¡Hola! Por fin puedo estar de regreso por aquí también, la vuelta a la rutina ha sido dura, pero tras un par de semanas parece que todo vuelve a su ritmo, lo que me ha dejado tiempo para contaros alguna cosilla, comenzando por algún retazo de lo que han sido nuestras vacaciones.

En nuestro periplo por España, tuvimos que pernoctar una noche justo a mitad de camino entre un destino y otro. En la búsqueda de un lugar pintoresco, casi a mitad de camino y que no requiriese desviarse mucho de la ruta original, apareció Consuegra, una pequeña villa de Toledo, famosa por sus molinos de viento y su castillo.

Llegamos a nuestra parada casi a media tarde, el tiempo justo para registrarnos en el hotel, refrescarnos y salir a dar un paseo hasta sus molinos. Estos se encuentran a las afueras del pueblo, en lo alto, pero el paseo apenas lleva 15 minutos de caminata. 

Justo al llegar arriba, el cielo comenzó a teñirse de los colores anaranjados y rosados previos al atardecer, esa luz se reflejaba en las blancas paredes de los molinos, creando un momento mágico. Quizás porque en Asturias no estamos acostumbrados a mirar el horizonte y ver kilometros a la redonda, el espectáculo nos pareció maravilloso.

Debo confesar que tenía puestas mis expectativas fotográficas en ese lugar e instante, pero como siempre, se hizo la ley de Murphy y allí había más gente circulando que en Gran Vía. Como lugar turístico que se precie, autocares de japoneses incluidos, todos con su Nikon o Canon al cuello, y trípode debajo del brazo. Por haber, había hasta gente volando drones, creo que alguno "se coló" en alguna de mis fotos...

Aún así, no podía dejar de mostraros alguna de ellas. Espero que tengáis un buen fin de semana. Nos leemos el próximo viernes.







viernes, 9 de septiembre de 2016

Proyectos

viernes, 9 de septiembre de 2016
Es bastante habitual que cada llegada de año nuevo escuches a personas marcándose metas, las listas con objetivos a cumplir afloran en esas fechas más que en ninguna otra. Sin embargo, en mi caso, esa necesidad me llega siempre al acercarse el otoño. La vorágine de salidas a la playa, merenderos, terrazas y demás, comienza a decrecer, con lo que es mayor el tiempo que paso en casa, y es cuando me llega la inquietud por desarrollar nuevos proyectos.

Una de mis aficiones preferidas y que me relaja muchísimo, es tejer. Gorros, bufandas, jeserys, chaquetas, todo me gusta. Empiezo a ver los catálogos de ropa de temporada y mi cabecita calcula mentalmente como podría yo hacerlo por mi misma. Y precisamente eso me pasó con esta chaqueta, amor a primera vista, fue verla y querer hacerla. La original es de I love Mr. Mittens, y me pareció una prenda muy ponible para el Otoño.





En mi caso, la estoy realizando con el color Gris Perla de We are Knitters, y el patrón lo voy improvisando sobre la marcha, a sí que a ver qué sale ahí. De momento la espalda empieza a tomar forma.



No recuerdo mi vida sin lectura de por medio, he podido hacer parones por poco tiempo, pero siempre regreso a ella, y el Otoño es una época en la que me apetece muchísimo leer, y siempre el mismo género; novela negra. Encuentro algo reconfortante en el hecho de estar en casa, tapada con mi manta, en el sofá y con una novela ambientada en parajes nórdicos, asesinatos, misterios e investigaciones.  La leo atentamente, siempre buscando entre líneas algún indicio que me desvele quién es el asesino antes de que la autora lo revele. Hace poco me hablaron de una autora con una saga del estilo a las de Mari Jungstedt y Camilla Läckberg que tanto me gustan. Se trata de Viveca Sten. Sus libros ya están en mi mesilla de noche esperando su turno.






Desde que A llegó a mi vida, las preferencias cambian, los horarios y la gestión del tiempo tienen que reorganizarse, y en ese periodo de adaptación hasta que todo retome su curso y nos acoplemos a nuestra nueva vida, tuve que abondar algún hábito personal, como el Pilates. 
Tras practicarlo durante más de dos años seguidos, es justo ahora cuando empiezo a notar las consecuencias de su abandono. Dolores por malos hábitos posturales, pérdida de agilidad y flexibilidad, entre otras cosas. Así que ahora que han abierto un estudio casi al pie de casa, parece ser la señal perfecta para sacar un par de huecos a la semana y retomar mis ejercicios. Sé que mi espalda me lo agradecerá.



Y por supuesto, no podía faltar un hueco para la fotografía, dentro de mi agenda ya se encuentra marcado algún curso, sigo buscando información por internet e instagram continúa siendo mi fuente de inspiración diaria.

Como veis, mis metas son sencillas, solo requieren una buena planificación de mi tiempo libre para poder disfrutar de ellas. Creo que con un poco de organización, lo podré lograr. ¿Y vosotras? ¿ya os habéis marcado una agenda para este Otoño?

Que disfrutéis de vuestro fin de semana. Os espero la semana que viene.



viernes, 2 de septiembre de 2016

A la orilla del mar

viernes, 2 de septiembre de 2016


Como ya os comenté en alguna ocasión anterior, en los últimos meses he encontrado una nueva pasión, la fotografía. Es muy poco el tiempo que puedo dedicarle a esta nueva afición, el trabajo, la casa y dedicarle tiempo al peque, me deja muy pocas oportunidades en las que pueda salir a fotografiar yo sola y centrarme en lo que estoy viendo, fotografiarlo y vivir el momento.

Hace tiempo que precisamente me apetecía eso, un ratito a solas con la cámara. Y la ocasión se presentó justo a última hora de la tarde de un día de playa, el niño dormido y papá cuidándolo. Así que cámara en mano, me fui a dar una vuelta por la orilla, disfrutar del paseo y como no, fotografiar.

Fruto de ese paseo, es la serie de fotografías que os dejo a continuación. No sé si por qué yo necesitaba ese ratito, por la luz, el momento, o qué, pero viví un instante totalmente mágico. Fue una conexión conmigo misma, la cámara y el entorno. Me encontraba en plena hora dorada, pero la playa se encontraba cubierta de bruma, lo que creó un escenario que yo jamás he vivido anteriormente, una gama de colores pasteles cubrían la orilla y se reflejaban en el mar. Las fotos son tal cual, sin trampa ni cartón. 

Hoy no me extiendo más en palabras, pero sí en imágenes. Os invito a un paseo a la vera del mar. Espero que lo disfrutéis y sintáis un poco de la magia que a mi me invadió. Buen fin de semana, nos leemos el próximo viernes.











viernes, 26 de agosto de 2016

RECOLECTANDO

viernes, 26 de agosto de 2016


En el Norte nunca puedes dar por sentado los planes que hagas para pasar el día. Un día planificado para la playa, puede verse truncado de la manera más brusca por culpa de las condiciones meteorológicas. Y precisamente eso fue lo que nos paso hace apenas unos días. Con todo el chiringuito preparado para pasar la tarde en la playa, unos feos nubarrones amenazaron nuestra salida y hubo que improvisar rápidamente.

Así que de la playa, pasamos al campo. A escasa media hora de casa en coche, tenemos la suerte de contar con la Finca El Malain, plantación dedicada a los frutos rojos, donde se permiten las visitas y convertirte en recolector por un día.





No hay precio de entrada, ni pago por la visita. Simplemente a tu llegada, te dan un cesto con varias cajas que puedes ir rellenando con tus frutos favoritos, y al marchar pasarás por caja, por dos módicos euros, te llevaras cada una de ellas.

Su  huerto esta lleno de moras, frambuesas, arándanos y grosellas. En nuestro caso, coincidimos en la época de maduración de los arándanos y fue a lo que nos dedicamos. A recorrer los largos pasillos verdes, salpicados por sus frutos maduros, probar la fruta e ir recolectándola.





Fue una tarde muy agradable, llena de risas, donde los más pequeños aprendieron a saber cuando había que coger un fruto, a escoger los más maduros, a respetar los verdes (o al menos lo intentaban) y sobre todo, pasaron una tarde al aire libre, rodeados de naturaleza. Todo esto unido a que ese día, creo que saque todos los sombreros de casa para poner un poco de atrezzo a las fotos, y se lo pasaron pipa, pongo sombrero, quito sombrero. Sí, a veces, lo más sencillo funciona. Ellos disfrutaron y nosotras, mi amiga Noelia y yo, cámara en mano pudimos captar algún momento divertido.






Pero la experiencia no acaba aquí, cuando ya has acabado la visita, y pagado tu recolección, llega la hora de comprarte un helado casero, elaborado por ellos mismos, sentarte en su encantador jardín y disfrutar. Los niños disponen de columpio, liana al estilo Tarzán e incluso una casita de árbol. Fue una tarde muy agradable, perfecta para esas tardes de otoño que no sabes que hacer. Yo estoy deseando repetir, las zarzas llenas de moras me están llamando.

Os dejo con una selección de fotos de mi amiga Noelia (@noevileito1 en instagram), no dejéis de visitar su galería.







Gracias por acompañarme en el paseo de hoy, os deseo un buen fin de semana, nos leemos el próximo viernes.