viernes, 24 de junio de 2016

Entre Sushi y Montañas

viernes, 24 de junio de 2016
Mousse de Eda-mame y shiitake


Hasta hace relativamente pocos años, en Asturias había poca diversidad en lo que se refería a oferta gastronómica. Limitándose prácticamente a los sabores autóctonos. Pero poco a poco, fueron apareciendo proyectos nuevos, en los que ya no solo se cuida el menú, sino también la estética y a los comensales. Amada Carlota es uno de esos lugares. 

Situado en el concejo de Cabranes, parte de la Asturias profunda, rodeado de valles, bosques y montañas se encuentra este hotel-restaurante de estética vanguardista y en el que se degusta un menú japones cuidado hasta el más mínimo detalle. 

La zona destinada al restaurante es una pequeña pero agradable estancia, de estilo minimalista y decorada con objetos orientales. En esta ocasión, fuimos un grupo de 8 adultos y 5 niños y la destinaron entera para nosotros, siendo los únicos comensales ese día.

Disfrutamos de su menú degustación, compuesto por varios platos que abarcan la diversidad de la gastronomía nípona, no limitándose solo al archiconocido sushi. Carlos, que regenta el negocio junto con Yolanda, nos fue dando las pautas para degustar cada plato como se merece. Además, los más pequeños de la casa también contaron con su propio menú, una versión más descafeinada del de los adultos, pero no por ello menos sabrosa. Para finalizar, una buena infusión en su terraza, contemplando la Sierra del Sueve.

Es una experiencia para saborear despacio, sin prisas. Disfrutando no solo del almuerzo, sino también del entorno natural en el que se encuentra. Ya sólo llegar hasta allí requiere ir conduciendo entre valles y bosques, contemplando los animales que pacen tranquilamente en pastos verdes. Casi al final del camino tendremos que atravesar Torazo, coqueta aldea asturiana,  la cual bien merece una visita, y ya puestos, tomar el aperitivo en la terraza de su Hostería.

Terraza de la Hostería de Torazo

Para después continuar nuestro recorrido, ascendiendo hasta la aldea de La Cotariella, donde al final de la misma, Carlos y Yolanda nos esperan entre sushi y montañas.


Niku Dango (Albóndigas japonesas, versión menú infantil)

Sopa de miso

Niku-Dango


Atún Rojo

Helado de jengibre y bizcocho casero


 Espero que hayáis saboreado el paseo de hoy. Os dejo con un poco de slow music perfecta para disfrutar de un buen atardecer de verano. ¡Feliz fin de semana! 
viernes, 17 de junio de 2016

La niña que caminaba entre la hierba alta

viernes, 17 de junio de 2016


(Pincha aquí  si te apetece poner banda sonora al post de hoy)

Se aproxima el momento.

Mamá y güelita están preparando la cena en la cocina. El olor de las patatas pochandose a fuego lento llega hasta mi, hoy cenaremos tortilla. Están entretenidas, no se percatarán si me escapo un momento.

Cruzo el patio corriendo, paso al lado de la cuadra y del gallinero. Llego al prado y miro que güelito no ande por allí cerca. Si me ve pisar la hierba me va a reñir. Está ya seca y muy alta. En breve tiene que segarla y si yo la piso, la estropearé. No lo veo por la huerta, debe estar aseándose para ir a cenar. 

Atravieso corriendo el prado, oculta entre el mar de paja, hasta alcanzar mi sitio favorito, el más elevado. Desde allí puedo contemplar la ciudad allí abajo y justo al otro lado, las suaves colinas por donde se oculta el sol cada día.

Me descalzo y me tiendo entre la hierba. El cielo comienza a cubrirse, primero de un suave naranja y más tarde de un naranja-rojizo muy intenso, hasta que el sol casi desaparece por completo. Cierro los ojos. Escucho el cantar de los grillos a mi alrededor, el ronquido del motor de algún coche que pasa por la carretera. Me quedo un rato allí, disfrutando de la conexión con todo lo que me rodea, sin hacer nada. Soy una mera espectadora.

De repente noto la brisa fresca acariciando mis brazos y sé que es hora de regresar a casa. Seguro que la cena ya está lista y no tardaran en avisarme. Me levanto y rehago el camino de vuelta. Esta vez despacio, sintiendo la hierba entre mis manos. No hay prisa alguna.






Hoy en día, cuando la casa está en calma y cierro los ojos, aún soy aquella niña que caminaba entre la hierba alta.

¿Vosotras? ¿qué recuerdo de vuestra infancia es el que más vivido sentís? me encantaría conocerlo.

Espero que hayáis disfrutado del paseo de hoy. Si aun no lo habéis hecho, os recomiendo que escuchéis la lista de reproducción que he dejado al principio del post. Son mis canciones de los viernes, esas que me desprenden sensación de libertad cuando voy conduciendo de vuelta a casa, con las ventanillas bajadas, sabedora de que me queda todo el fin de semana por delante. Disfrutadlas.

Os espero el próximo viernes. Gracias por estar aquí. ¡Feliz fin de semana!












viernes, 10 de junio de 2016

FELICIDAD

viernes, 10 de junio de 2016


Cuando la maternidad interrumpió en mi vida, vino cargada de una revolución interior enorme. Me había preparado para aquellas circunstancias especiales que suponía la adopción, y mis lecturas e inquietudes hasta ese momento me habían llevado a analizar todo aquello que llegaba a mis manos sobre el tema.

Cuando mi hijo llegó a mi vida, ya no sólo empezó a preocuparme todo aquello que tenía que ver con la adopción y la adaptación a su nueva vida. Sino que unido a eso vino el objetivo más grande, aquel que cualquier madre o padre quiere para su hijo: saber darle las herramientas adecuadas para que sea feliz. Tan sencillo de decir, pero una ardua tarea en la práctica. Aquel aprendizaje previo ya me había preparado para tener muy en cuenta las emociones y los sentimientos de mi pequeño. En los niños adoptados, sobretodo en los primeros meses, es muy importante prestar atención a sus estados de ánimo, a sus silencios, a sus temores. La empatía forma un papel clave. Y yo sabía que debía estar atenta a sus reacciones.

Casi por casualidad, unos meses más tarde a la llegada de A, me llegó la oportunidad de asistir en mi ciudad a un taller de Disciplina Positiva. Hasta al momento no sabía que era aquello, ni en qué consistía. Así que un poco a ciegas asistí a aquella primera clase donde su ponente nos hablaba de cómo lograr la colaboración de nuestros hijos sin tener que recurrir a los gritos, el chantaje o los castigos. Valga decir que me dejó totalmente enganchada. Allí se hablaba de emociones, de cómo el cerebro del niño, según sea su edad, se encuentra regido por las mismas, y cómo podemos reconducirlas en el día a día. Marché con la cabeza hirviendo de nuevas inquietudes, y con el deseo de poner en práctica todo lo que había escuchado.

Empecé por comprarme el libro que nos habían recomendado en el taller: “El cerebro del niño” de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson. Solamente su prólogo ya merece una mención especial. Sus autores nos explican como a lo largo de los años siempre se han encontrado con la misma situación: padres con la misma inquietud, que sus hijos progresen. Que sepan disfrutar de relaciones plenas, que sean compasivos, cariñosos, responsables y que se acepten a si mismos. En los siguientes capítulos van desbrozando cómo está formado el cerebro, cómo al principio está dominado por la parte derecha del mismo, la emocional, y poco a poco cómo empieza a tomar protagonismo la parte izquierda, la racional, y la importancia de que se creen unas correctas conexiones neuronales entre ambos hemisferios. Todo ello narrado con un vocabulario coloquial, nada científico, y apoyado por pautas y ejemplos que ayudan muchísimo a la comprensión correcta del libro. He de confesar que aún no lo he terminado. Es una de estas lecturas que me gusta hacer a solas, en silencio y dedicarle la atención que requiere, y con un niño de 2 años en casa, en el día a día, es casi imposible. Así que aquí lo tengo en la mesilla de noche, esperando a que llegue alguno de esos escasos momentos.

Desde aquel primer taller, se organizó otro un mes más tarde, en ese caso centrado en los celos (entre hermanos fue lo más comentado) y cómo evitarlos, o si ya los hubiese: afrontarlos. No le saqué tanta chicha como al primero, pero me sirvió para reafirmarme en que este movimiento educacional tiene muchos de los factores que yo busco en la educación de mi hijo. Busca la unidad de la familia, que el niño se sienta parte importante de ella. Fomenta una buena comunicación entre padres e hijos, muy importante a mi modo de ver para cuando llegue la adolescencia. Da importancia a las emociones, a cómo reconocerlas, a que los niños sepan identificarlas, y la transcendencia que sus actos pueden tener en las emociones de otras personas, consiguiendo de esta forma desarrollar la empatía y la compasión hacia los demás. Recuerda la importancia de que cada niño cree su propia individualidad, estando los padres muy atentos a no transmitirles sus miedos, deseos, anhelos y evitar siempre las comparaciones.

Aún me queda muchísimo que aprender, mi camino como madre apenas ha comenzado, sé que habrá ocasiones en las que me equivocaré o que no estaré a la altura de las circunstancias, pero ante todo, pondré todo mi esfuerzo en que A progrese. Que su felicidad el día de mañana radique en su calidad como ser humano.

Si queréis conocer más sobre Disciplina Positiva, podéis encontrar más información aquí. Como cierre al post de hoy, os dejo un texto de la poetisa africana Tolba Phanem. Espero que os guste. Gracias por acompañarme en el paseo de hoy. Os espero de nuevo el próximo viernes. ¡¡Feliz fin de semana!!


LA CANCION DE TU ALMA Por Tolba Phanem


Cuando una mujer de cierta tribu de África sabe que está embarazada, se interna en la selva con otras mujeres y juntas rezan y meditan hasta que aparece la canción del niño. Ellas saben que cada alma tiene su propia vibración que expresa su particularidad, unicidad y propósito.

Las mujeres encuentran la canción, la entonan y cantan en voz alta. Luego retornan a la tribu y se la enseñan a todos los demás.

Cuando nace el niño, la comunidad se junta y le canta su canción.
Luego, cuando el niño va a comenzar su educación, el pueblo se junta y le canta su canción. Cuando se inicia como adulto, nuevamente se juntan todos y le cantan. Cuando llega el momento de su casamiento, la persona escucha su canción en voz de su pueblo.

Finalmente, cuando el alma va a irse de este mundo, la familia y amigos se acercan a su cama y del mismo modo que hicieron en su nacimiento, le cantan su canción para acompañarle en el viaje. En esta tribu, hay una ocasión más en la que los pobladores cantan la canción. Si en algún momento durante su vida la persona comete un crimen o un acto social aberrante, se le lleva al centro del poblado y toda la gente de la comunidad forma un círculo a su alrededor. Entonces... le cantan su canción.

La tribu sabe que la corrección para las conductas antisociales no es el castigo, sino el amor y el recuerdo de su verdadera identidad. Cuando reconocemos nuestra propia canción ya no tenemos deseos ni necesidad de hacer nada que pudiera dañar a otros.

Tus amigos conocen tu canción, y te la cantan cuando la olvidaste. Aquellos que te aman no pueden ser engañados por los errores que cometes o las oscuras imágenes que a veces muestras a los demás. Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo, tu totalidad cuando estás quebrado, tu inocencia cuando te sientes culpable, tu propósito cuando estás confundido.








sábado, 4 de junio de 2016

UNA BIENVENIDA CARGADA DE EMOCIONES

sábado, 4 de junio de 2016
En primer lugar, si estáis aquí dedicando unos minutos a leerme: bienvenid@s y gracias. Los que venís dirigidos desde instagram ya me conocéis un poco y para los que no, os dejo algunas reseñas. Soy Marta, he nacido, crecido y vivo en Asturias. Soy una apasionada de la cocina, de la lectura, y desde hace muy poquito, de la fotografía. Desde hace un tiempo tenía la inquietud de abrir una pequeña ventana al mundo y contar mis anhelos, experiencias y avances en la vida. Así que aquí estoy, lanzándome en una nueva aventura. 

¿Por qué Lluvia al Pasear? Si tuviera que escoger dos momentos que me han marcado y me han hecho crecer como persona, son el fallecimiento de mi madre y mi posterior maternidad a través de un proceso de adopción.

El viaje de la adopción no fue fácil, la incertidumbre que conlleva te hace pasar por una montaña rusa emocional, una de nuestras terapias en esa época era pasear, a menudo al lado del mar. Aquel sonido nos calmaba, nos ayudaba a sumirnos en nuestros pensamientos, otras veces, no parábamos de compartir inquietudes. La lluvia es una referencia a mi tierra, y también al país de origen de mi hijo, donde la supervivencia depende, entre otras cosas, de una buena temporada de lluvias. Ambas cosas me llevaron a escoger este nombre. ¿Te animas a pasear conmigo? ¿Sí? 

Pues allá vamos…hoy os cuento algo que me viene rondando desde hace tiempo por la cabeza. Si soy sincera, este no iba a ser mi post de bienvenida, tenía otra cosa más liviana pensada y trabajada, pero varias circunstancias me llevaron a modificarlo y hacer este un poco sobre la marcha. Hace muy poquito, mi pequeño me dijo por vez primera “Te teyo mamá”. Sí, algo muy bonito y que a cualquier madre se le paraliza el corazón a escucharlo. Pero detrás de esta frase, hay mucho más, y si quien la dice es un hijo nacido del corazón, la historia cambia y mucho. 

En la situación más estandarizada, tu bebé crece dentro de ti, desde el primer momento tras su nacimiento, reconoce el sonido de tu voz, de tu corazón, tu olor. Lleva nueve meses escuchándolos, tú eres su refugio, le das calor y seguridad, incluso si te has decidido por la lactancia materna estaréis creando un vínculo aún más estrecho, un momento que solo es vuestro. Así irá creciendo, hasta que llegue un día, cuando su vocabulario se lo permita, que te diga que te quiere. Algo natural y bonito. Sin embargo, cuando hablamos de adopción, las circunstancias que llevan a ese momento son muy distintas. 

Para que puedas entenderme un poquito, te propongo un ejercicio: Cierra tus ojos, imagínate que estás en tu hogar, donde te sientes seguro, estás rodeado de tus seres queridos, de tus pertenencias y de todos los recuerdos que has generado hasta este mismo momento. De repente, dos extraños, que no hablan tu idioma, entran por la puerta, te miran, sonríen, quizás lloran de emoción, y tú no sabes que está pasando, pero percibes que la cosa va contigo. Entonces, alguien conocido, quizás de tu entorno, te explica que esa es tu nueva familia, que debes abandonar la vida que conoces hasta ahora, el único hogar que has tenido, para irte con dos personas que no conoces absolutamente de nada. No puedes llevarte nada, no volverás a ver a tus seres queridos, ni a las personas que te cuidaban. ¿Cómo te sentirías? No muy bien ¿verdad? Y si en vez de una persona adulta, eres un niño, o un bebé, al que ni tan siquiera se le puede explicar ese cambio de rumbo en su vida. La cosa cambia ¿no? Pues esa situación la viven todos los hijos adoptados. 

No sé como la sociedad imagina como se desarrollan los primeros días, meses, de una familia de corazón, pero en ocasiones no es fácil. Te encontrarás en situaciones en las que te dirán que vaya afortunado que es, que menuda suerte tiene, que vaya oportunidad que va a tener en la vida, que valientes habéis sido. Después del ejercicio anterior, si tú fueses ese niño ¿te sentirías afortunado? o por el contrario ¿estarías tremendamente asustado hasta ver cómo se va desarrollando tu vida?

Una vez llega el momento y tu sueño se hace realidad, te sientes inmensamente feliz de haber formado tu familia, pero no te encuentras con un bebé que te quiere desde el primer día, que conoce tu voz, tu olor. El sonido de tu corazón no le calma cuando está asustado, porque no lo conoce de nada. En tus brazos hay un niño triste, asustado, que te mira con unos ojos enormes, que reflejan la inmensa incertidumbre que siente. No entiende que le está pasando, solo sabe que su vida, la vida que conocía y las personas que tenía como referencia hasta ese momento, han cambiado. Poco a poco, cuando vea que se crea una rutina, que sus nuevos padres están ahí para darle amor, seguridad, alimento, se irá abriendo. Al poco, te regalará una sonrisa y sabrás que empieza a confiar en ti. Tendrás que volcarte en darle toneladas de amor cada día, de hacerle saber que estás ahí, que tú no le vas a abandonar. Los expertos en adopción lo resumirían en “generar apego”. Ser testigo y participe de cómo tu hijo te entrega su corazón y su confianza, sin condiciones, es lo más bello que puedas sentir y vivir. Por eso cuando un día normal estás haciendo la cena, y tu pequeño atraviesa la casa corriendo, se abraza a tu pierna y te dice por vez primera “te teyo mamá”, te sientes enormemente bendecida. 

No hay ni un solo día que no me sienta afortunada por el pequeño milagro que ha llegado a nuestras vidas. Gracias por haberme acompañado en mi primer paseo. Si os apetece seguir recorriendo este nuevo camino conmigo, os espero de nuevo la semana que viene. ¡¡ Feliz fun de semana!!