FELICIDAD

viernes, 10 de junio de 2016


Cuando la maternidad interrumpió en mi vida, vino cargada de una revolución interior enorme. Me había preparado para aquellas circunstancias especiales que suponía la adopción, y mis lecturas e inquietudes hasta ese momento me habían llevado a analizar todo aquello que llegaba a mis manos sobre el tema.

Cuando mi hijo llegó a mi vida, ya no sólo empezó a preocuparme todo aquello que tenía que ver con la adopción y la adaptación a su nueva vida. Sino que unido a eso vino el objetivo más grande, aquel que cualquier madre o padre quiere para su hijo: saber darle las herramientas adecuadas para que sea feliz. Tan sencillo de decir, pero una ardua tarea en la práctica. Aquel aprendizaje previo ya me había preparado para tener muy en cuenta las emociones y los sentimientos de mi pequeño. En los niños adoptados, sobretodo en los primeros meses, es muy importante prestar atención a sus estados de ánimo, a sus silencios, a sus temores. La empatía forma un papel clave. Y yo sabía que debía estar atenta a sus reacciones.

Casi por casualidad, unos meses más tarde a la llegada de A, me llegó la oportunidad de asistir en mi ciudad a un taller de Disciplina Positiva. Hasta al momento no sabía que era aquello, ni en qué consistía. Así que un poco a ciegas asistí a aquella primera clase donde su ponente nos hablaba de cómo lograr la colaboración de nuestros hijos sin tener que recurrir a los gritos, el chantaje o los castigos. Valga decir que me dejó totalmente enganchada. Allí se hablaba de emociones, de cómo el cerebro del niño, según sea su edad, se encuentra regido por las mismas, y cómo podemos reconducirlas en el día a día. Marché con la cabeza hirviendo de nuevas inquietudes, y con el deseo de poner en práctica todo lo que había escuchado.

Empecé por comprarme el libro que nos habían recomendado en el taller: “El cerebro del niño” de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson. Solamente su prólogo ya merece una mención especial. Sus autores nos explican como a lo largo de los años siempre se han encontrado con la misma situación: padres con la misma inquietud, que sus hijos progresen. Que sepan disfrutar de relaciones plenas, que sean compasivos, cariñosos, responsables y que se acepten a si mismos. En los siguientes capítulos van desbrozando cómo está formado el cerebro, cómo al principio está dominado por la parte derecha del mismo, la emocional, y poco a poco cómo empieza a tomar protagonismo la parte izquierda, la racional, y la importancia de que se creen unas correctas conexiones neuronales entre ambos hemisferios. Todo ello narrado con un vocabulario coloquial, nada científico, y apoyado por pautas y ejemplos que ayudan muchísimo a la comprensión correcta del libro. He de confesar que aún no lo he terminado. Es una de estas lecturas que me gusta hacer a solas, en silencio y dedicarle la atención que requiere, y con un niño de 2 años en casa, en el día a día, es casi imposible. Así que aquí lo tengo en la mesilla de noche, esperando a que llegue alguno de esos escasos momentos.

Desde aquel primer taller, se organizó otro un mes más tarde, en ese caso centrado en los celos (entre hermanos fue lo más comentado) y cómo evitarlos, o si ya los hubiese: afrontarlos. No le saqué tanta chicha como al primero, pero me sirvió para reafirmarme en que este movimiento educacional tiene muchos de los factores que yo busco en la educación de mi hijo. Busca la unidad de la familia, que el niño se sienta parte importante de ella. Fomenta una buena comunicación entre padres e hijos, muy importante a mi modo de ver para cuando llegue la adolescencia. Da importancia a las emociones, a cómo reconocerlas, a que los niños sepan identificarlas, y la transcendencia que sus actos pueden tener en las emociones de otras personas, consiguiendo de esta forma desarrollar la empatía y la compasión hacia los demás. Recuerda la importancia de que cada niño cree su propia individualidad, estando los padres muy atentos a no transmitirles sus miedos, deseos, anhelos y evitar siempre las comparaciones.

Aún me queda muchísimo que aprender, mi camino como madre apenas ha comenzado, sé que habrá ocasiones en las que me equivocaré o que no estaré a la altura de las circunstancias, pero ante todo, pondré todo mi esfuerzo en que A progrese. Que su felicidad el día de mañana radique en su calidad como ser humano.

Si queréis conocer más sobre Disciplina Positiva, podéis encontrar más información aquí. Como cierre al post de hoy, os dejo un texto de la poetisa africana Tolba Phanem. Espero que os guste. Gracias por acompañarme en el paseo de hoy. Os espero de nuevo el próximo viernes. ¡¡Feliz fin de semana!!


LA CANCION DE TU ALMA Por Tolba Phanem


Cuando una mujer de cierta tribu de África sabe que está embarazada, se interna en la selva con otras mujeres y juntas rezan y meditan hasta que aparece la canción del niño. Ellas saben que cada alma tiene su propia vibración que expresa su particularidad, unicidad y propósito.

Las mujeres encuentran la canción, la entonan y cantan en voz alta. Luego retornan a la tribu y se la enseñan a todos los demás.

Cuando nace el niño, la comunidad se junta y le canta su canción.
Luego, cuando el niño va a comenzar su educación, el pueblo se junta y le canta su canción. Cuando se inicia como adulto, nuevamente se juntan todos y le cantan. Cuando llega el momento de su casamiento, la persona escucha su canción en voz de su pueblo.

Finalmente, cuando el alma va a irse de este mundo, la familia y amigos se acercan a su cama y del mismo modo que hicieron en su nacimiento, le cantan su canción para acompañarle en el viaje. En esta tribu, hay una ocasión más en la que los pobladores cantan la canción. Si en algún momento durante su vida la persona comete un crimen o un acto social aberrante, se le lleva al centro del poblado y toda la gente de la comunidad forma un círculo a su alrededor. Entonces... le cantan su canción.

La tribu sabe que la corrección para las conductas antisociales no es el castigo, sino el amor y el recuerdo de su verdadera identidad. Cuando reconocemos nuestra propia canción ya no tenemos deseos ni necesidad de hacer nada que pudiera dañar a otros.

Tus amigos conocen tu canción, y te la cantan cuando la olvidaste. Aquellos que te aman no pueden ser engañados por los errores que cometes o las oscuras imágenes que a veces muestras a los demás. Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo, tu totalidad cuando estás quebrado, tu inocencia cuando te sientes culpable, tu propósito cuando estás confundido.








6 comentarios

  1. Ufff muy de acuerdo con tu post. Qué difícil la tarea de mamá. Y esos días que te dices, que estoy haciendo mal?? Y sobre todo cuando las situaciones te superan y ellos piden y piden y tú ves que no llegas!! Que camino de aprendizaje nos queda Marta!! También te recomiendo que leas " Descubriendo a Matías". Besitos linda

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  2. Totalmente de acuerdo Inma, es un largo camino pero aunque a veces sea cansado, es muy gratficante. Me anotó el libro, gracias por la recomendacion y por pasarte por aquí. Mil besos!

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  3. Marta me ha encantado este post sobre todo porque estoy en esa etapa de celos, revelaciones, desobediencia... Y quiero hacerlo de la mejor manera q se, pero a veces se me escapan los gritos y no quiero... Voy a buscar el libro q recomiendas!!!

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    1. Espero que te sirva de ayuda Vir. Gracias por pasarte por aquí, ya me irás contando si al final lo lees. Un beso.

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  4. Esperando encontrar esa cancion... Es una busqueda dificil. De esta me compro el libro si o si. Muy buenas reflexiones... Todas esperamos poder hacerlo bien... Tarea dificil

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    1. Noe la encontrarás, sino lo has hecho ya, que yo creo que si. Un beso

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