viernes, 29 de julio de 2016

Una Deliciosa Cottage

viernes, 29 de julio de 2016

Hacía tiempo que habían llegado hasta mí referencias de un coqueto Hostal - Restaurante en mi Ribadesella querida. Pero parecía que nunca encajaba el momento perfecto para acercarnos hasta allí a comer y pasar la tarde. Hasta que surgió. De manera imprevista, uno de esos días que prometen de playa, pero ohhh! te levantas y la niebla se ha metido. Adiós playa. A buscar nuevos planes.

Así vino a mi mente las ganas que tenía de conocer la oferta gastronómica del restaurante del Puente del Pilar. Situado casi a las afueras de la villa marinera de Ribadesella, justo a la vera del río y del puente cuyo nombre toma, encontramos este acogedor Hostal-Restaurante.

Desde el mismo momento en el que aparcas el coche, dislumbras una pizpireta casa, con su fachada acicalada de buganvillas y unas coquetas contraventanas. Unos preciosos carteles te van indicando el camino al restaurante, flanqueado por hermosas hortensias. Todo ello me traslado por un momento a las encantadoras casitas de la campiña de la bretaña francesa que tanto me gustan. 






Una vez llegado al restaurante, lo primero que te encuentras es con la amabilidad y cordialidad de su personal, gente sencilla, de trato ameno y que te da la bienvenida como a un amigo que reciben en su casa por primera vez. Ese trato familiar se percibe durante toda la estancia.

Y llegados a este punto, una vez atraviesas el umbral, viene la sorpresa:  la sala no tiene nada que ver con los comedores que yo haya visto hasta ahora. Exquisitamente decorada, con detalles únicos que en un conjunto general, daba la sensación de que me encontraba en el interior de una pequeña cottage inglesa, donde uno de los personajes de las novelas de Jane Austen aparecería en cualquier momento. Su cuidado a la hora de ambientar y decorar alcanza hasta el más mínimo detalle, incluidos los aseos, donde no pude resistirme a hacerme un autoretrato. 








Pero no solo de decoración vive el hombre, y precisamente allí habíamos ido a deleitar nuestras papilas degustativas. En su carta encontraréis comida casera, de toda la vida, pero con un par de grandes aditivos: materias primas ecológicas y cocinadas con mucho amor. Si te gusta cocinar, sabes a la perfección cuando algo está preparado con cariño y prestando atención a los detalles. Y eso precisamente desprenden los platos de El Puente del Pilar. Para que os hagáis una idea, nosotros comenzamos con un gazpacho, para pasarnos a unos escalopines al cabrales, rollo de bonito (su vinagreta no era de este mundo), una ensalada de tomate, y finalmente  una tarta de zanahoria y de chocolate. Llegada la sobremesa, nos decantamos por un par de cafés que nos tomamos en su encantador jardín, a la vera del río, donde nosotros nos relajamos y A estuvo correteando y contemplando los peces que por allí deambulaban. Sin duda, esta ha sido la primera visita de muchas más que están por venir. 

Os dejo con el resto de imágenes que desprenden parte del encanto allí encontrado. Me despido del paseo de hoy, no sin antes desearos un buen fin de semana. Os espero el próximo viernes.












viernes, 22 de julio de 2016

Monocromo

viernes, 22 de julio de 2016

Mi vida detrás de la cámara tiene muy poco periplo, aunque a mi me parece que ha pasado un siglo. Pero no, solo hace apenas 6 meses que rescaté de un cajón la cámara reflex que teníamos en casa y que se le daba un uso más bien escaso. Aquella misma que yo jamás había tocado, preciado tesoro de mi marido y que a mi me daba hasta miedo coger por estropearla o que se me fuese a caer.

Sin embargo en enero, lo recuerdo a la perfección porque coincidió justo al regreso de pasar unos días con unos amigos y descargar las fotos en el ordenador, vi que la mayoría estaban mal, no reflejaban para nada lo que yo había visto y quería captar.

Empezó a crecer en mi una inquietud nueva, reflejar la infancia de mi hijo en imágenes y tener un recuerdo permanente e intimo de su niñez. Quería dejar constancia de nuestros momentos cotidianos, de sus gestos más comunes, de su día a día.

La necesidad de hacerle fotos a mi hijo, trajo consigo la búsqueda de inspiración, e instragram era la herramienta perfecta para encontrarla. Poco a poco, fui descubriendo cuentas que me inspiraban, imágenes que removían algo en mi interior. Aquello me fue guiando a la conclusión de que si quería sacar fotos decentes, debía al menos, tener algún conocimiento básico de fotografía. Así que me puse a buscar información por blogs, video tutoriales y un largo etc que me llevase al menos a intentar disparar en manual.

Aún recuerdo el día en el que descubrí el fotómetro de la cámara y cómo conseguir la exposición adecuada, no salía de mi asombro, estaba emocionadisima, como si hubiese pisado la luna y fuese el acontecimiento del siglo.

Aquello marcó un antes y un después en mi relación con la fotografía. Me enganchó muchísimo más, y me llevó a una sed de conocimiento increíble. Empezaba a sacar alguna foto con la que me encontraba a gusto, solo necesitaba más información y asesoramiento. Y ahí, hace tan solo un par de meses, comenzó mi periplo por algunos cursos online. Los cuales he intentado exprimir al máximo, releo apuntes y me dejo aconsejar por sus tutores.

Siempre pienso que mi experiencia en la fotografía es comparable a conducir un coche. Recién salida de la autoescuela sabes arrancarlo y llevarlo a duras penas a algún destino cercano. Las primeras veces estás tensa, te limitas a conducir, no disfrutas del recorrido, estás centrada en todas las tareas y parece que no tienes ojos ni manos suficientes para realizarlas, incluso apuras las marchas para no tener que cambiarlas, siempre conduces por un itinerario conocido, nada de improvisaciones o recorridos desconocidos. Poco a poco te vas sintiendo cómoda, incluso enciendes la radio y tarareas alguna canción, añades nuevos recorridos e itinerarios, hasta que un día te sorprendes conduciendo por una carretera y disfrutando del paisaje a tu alrededor, ventanillas bajadas y tu canción favorita en la radio, la tensión ha desparecido. Con la cámara me ha pasado exactamente eso, primero sentía casi hasta miedo al cogerla, ahora poco a poco, empiezo a disfrutar de su peso en mi mano, los ojos ya me van solos al fotometro y mis dedos calibran apertura y velocidad sin que mi cerebro tenga que recórdarselo dos veces.

Decir que soy novata es quedarse corta, para sacar una foto medianamente decente, disparo unas ochocientas antes, las cuales son para borrar directamente. Me queda muchísimo que aprender, mucho que leer, y ante todo, mucho que observar. Pero precisamente este último aspecto es el que más me gusta. He descubierto que la fotografía me hace estar más atenta a la belleza que me rodea y que antes yo no era capaz de vislumbrar. Ahora mismo estoy en esa fase, observando. Sé que el siguiente paso es capturarlo con mi cámara.

También ha habido una evolución en aquello que quiero fotografiar. Hasta hace cuatro días contados, en mi archivo fotográfico encontrarías un buen número de primeros planos de mi hijo. Luego esos primeros planos empezaron a dejar de serlo y cada vez más aparecía el entorno a su alrededor. Y hoy por hoy pues estoy experimentando cosas nuevas. Empiezo a llevar la cámara conmigo a casi todas partes y hasta incluso me he atrevido con algún robado.

Mi aventura con la fotografía no ha hecho más que comenzar, tengo las ganas y la ilusión de seguir adelante, de continuar abriendo esta mirada al mundo y a la vida que me rodea y ser algún día, capaz de congelarlo en una fotografía.

Al final de esta entrada os dejo una muestra de las imágenes que hetomado en las dos últimas semanas, las cuales están realizadas directamente en monocromo desde la cámara, sin editar, porque entre otras cosas, no sé. Me imagino que todo llegará, y que en algún momento sentiré la necesidad de editar o revelar mis fotos en programas como Photoshop o Lightroom, pero hoy por hoy, mi inquietud es conseguir realizar la foto bien desde el principio.

Pasar del color al blanco y negro ha supuesto para mi un esfuerzo adicional a la hora de tomar la foto. Al perder el color todo su protagonismo, me he dado cuenta que tengo que prestar más atención a la composición, al juego de luces y sombras, y a la textura de los elementos. Y puedo decir que el resultado me ha entusiasmado, se me ha abierto un abanico de posibilidades que antes no veía. No dejaré el color, porque me gusta y creo que hay fotos que funcionan muy bien así, pero el blanco y negro me ha enamorado, ha supuesto todo un descubrimiento. Os dejo que juzguéis por vosotras mismas.
Gracias por acompañarme un viernes más. Disfrutar del fin de semana. Un abrazo.










Al caer la noche, buscando el juego de luces...







viernes, 15 de julio de 2016

Día de mercado

viernes, 15 de julio de 2016

No sé si porque desde pequeña he tenido la costumbre de ir al rastro con mis padres los domingos, o bien porque me gusta cocinar y los productos artesanos me parecen un lujo, que para mi ir al mercado, supone todo una experiencia y lo disfruto muchísimo. Me encanta perderme entre los puestos, revolver entre los artículos, disfrutar de los colores de los puestos de fruta y flores, la mezcla de olores de comida, quesos y especias.

Cuando a través de unos amigos me enteré de la existencia del mercado artesano y ecológico que se celebra el segundo domingo de cada mes en el pequeño pueblo de Santolaya de Cabranes, me pareció un buen plan alternativo para un domingo sin playa que tanto abundan por el norte.

En sí, no es un mercado grande, no penséis que había un montón de puestos, todo acorde a la plaza de una aldea más bien pequeña. Pero el secreto reside en su encanto, la plaza está situada a lo alto del pueblo, con lo que desde la misma podemos estar disfrutando de las vistas de las montañas de fondo. Los puestos ofrecen desde fruta y verdura, hasta mermeladas y quesos caseros, pan, ropa, joyería artesana, productos artesanales del campo, aperos, y comida. En su mayoría vegana y ecológica. 








Pasamos la mañana allí, curioseando entre los puestos, probando la oferta gastronómica, podéis comer una estupenda paella por solo 3 euros, o probar una pizza vegana que aun me relamo los dedos al recordarla, todo ello acompañado de la música en directo de una pequeña banda que amenizaba con sus canciones alegres y que al final de la mañana hizo que la mayoría de las personas que estábamos allí, nos pusiéramos a bailar. 

Fue un día especial, propiciado por el ambiente que se creo, mezcla de día de mercado, día de romería. Una experiencia que os recomiendo si vivís en la tierrina, o tenéis previsto visitarla. Os dejo con algunas de las fotos del final de la jornada. Disfrutad del fin de semana, nos leemos el próximo viernes. Un abrazo.








viernes, 8 de julio de 2016

Paciencia

viernes, 8 de julio de 2016


No sabría decir las innumerables veces que he escuchado está palabra en los últimos años: "Tienes que tener paciencia". Qué fácil resulta aconsejarselo a los demás, pero que difícil es de aplicar en uno mismo. Y mucho más cuando el mundo hoy en día está diseñado para generar "impaciencia".

Os propongo que os levantéis un día y que vayáis prestando atención a ver cuantas muestras de irritación e impaciencia os vais encontrando a vuestro alrededor: pitazos en los semáforos porque alguien no ha arrancado nada más cambiar, suspiros en las colas del supermercado porque la cajera no va lo suficientemente rápido, gente a carreras para alcanzar el autobus, personas consultando constantemente su móvil con la necesidad de saber aquí y ahora lo que está pasando en el resto del mundo. ¿Quien no ha sido testigo o protagonista de alguna de ellas?

Comenzamos el día apurando a nuestros hijos porque llegan tarde al colegio y consecuentemente nosotros a nuestro trabajo. Buscamos recetas fáciles y rápidas, compramos artilugios que nos ahorren tareas y tiempo. Podemos satisfacer nuestros deseos con un solo click, aquella canción que me gusta, aquel vestido que acabo de ver en una revista, un toque de ratón y ya está en mi poder. Ya no hace falta esperar por nada. Todo esta a nuestro alcance. Este ahorro de tiempo y el estrés para llegar al final del día con todas nuestras tareas pendientes finalizadas, crea un circulo vicioso en el que estamos incentivando nuestra impaciencia, la cual a su vez conlleva irritación, prisas, exasperación y día tras día, puede llegar a pasarnos factura.

Últimamente estas pequeñas muestras de impaciencia me preocupan, ya no solo a nivel propio, si no también cómo mi hijo las pueda percibir. Somos el espejo en el que se miran, imitan nuestros actos y la repetición de los mismos acaban generando pautas de comportamiento, que inconscientemente a la larga puede que no sean del todo convenientes. Si la mayoría de nuestros deseos se satisfacen casi de forma inmediata, si aquello que queremos está casi al instante a nuestro alcance ¿qué pasará el día que no lo esté? o ¿qué pasará cuando tengas que enfrentarte a algo que ya no depende de ti, pero que influye en tu vida y no tienes el poder para influir sobre ello?

No sé si debido a las circunstancias que me han tocado vivir, pero me he dado cuenta que cultivar la paciencia, ha sido algo fundamental para mi bienestar personal. Me ha ayudado mucho a la hora de priorizar mis preocupaciones, a superar pérdidas importantes en mi familia, a poner mi esfuerzo en aquellas cosas sobre las que yo sí podía influir y a dejar que aquello que no está de mi mano, fluya.

Este aprendizaje no ha sido fácil, como muchas otras cosas, lo tuve que aprender a base de reveses que te da la vida, pero lo bueno de ello es "sacarle partido", no encerrarse en ese circulo de frustración e irritación. Mi paciencia se formó a base de largos paseos al lado del mar, de tardes de lectura con una taza de té en la mano, de conversaciones con amigos, de juegos con mi sobrino. De profundos análisis de la situación, desmembrando todas las circunstancias y poner la barrera de separación en aquellas sobre las cuales yo no podía hacer nada, solo esperar a que se desarrollaran los acontecimientos. Mi paciencia me enseñó a vivir el momento, a centrarme en el aquí y en el ahora, es verdad que a veces se me olvida, y mi antiguo habito de "estado de alarma" quiere colarse en mi mente y me veo con la mano rozando el claxon en el momento en el que el de adelante ya tarda más de la cuenta en arrancar. Aún estoy trabajando en ello. Al fin al cabo, nadie es perfecto.





Gracias por acompañarme en el paseo de hoy, espero contar con vuestra compañía en el del próximo viernes. Feliz fin de semana.
viernes, 1 de julio de 2016

Amistad

viernes, 1 de julio de 2016


Cuando iniciamos el proceso de adopción, en nuestro entorno más o menos cercano, solo teníamos un caso de adopción. Para la mayoría de nuestros familiares y amigos, era algo nuevo, no tenían casos cercanos y lo vivieron con nosotros con la ilusión de la primera vez. Su apoyo y empatia a lo largo del proceso fue crucial.

Sin embargo, el camino de la adopción trae consigo también otros caminos que se entremezclan con el tuyo, y durante ese recorrido te ves acompañado por otras familias que de una manera u otra han vivido o están viviendo la misma experiencia que tú. Familias que ya tienen aquí a sus hijos y te escuchan, te cuentan sus experiencias y saben de primera mano por lo que estás pasando. O bien, familias que están justo en la misma espera que la tuya, con los que vives los nervios de cualquier movimiento en la lista, la expectativa de ver que se va aproximando tu momento, la alegría inmensa de sus asignaciones, de la preparación de sus viajes y la llegada de sus hijos. 

Familias muy distintas entre si, pero todas ellas tan cercanas. Con las que compartes no solo un mismo sentimiento, si no, un modo de vida. Quizás, en otras circunstancias no hubiésemos coincidido, bien por la distancia geográfica,  o bien porque nuestras personalidades son tan dispares que no estaríamos en el mismo circulo de amigos, pero el destino ha querido que nos crucemos y que afortunadamente, estemos juntos en lo que nos queda de recorrido. 

Nuestro proceso no fue fácil precisamente, se alargó más de lo previsto y por el medio hubo varios cambios de procedimiento en el país de origen que nos afectaron a varias familias de forma muy directa. Nos tocó vivir momentos muy duros, en los que en más de una ocasión, creíamos que no saldría bien, con el corazón en un puño esperando una llamada que no sabías si traería buenas o malas noticias. El teléfono se convirtió en una apéndice más en nuestra vida, y no siempre nos traía buenas nuevas. En esos instantes para mi fue una fortuna poder hablar con otras familias que estaban pasando exactamente por lo mismo que yo. En ocasiones, simplemente, se limitaban a escuchar y con una sola mirada, sabían exactamente por lo que estabas pasando, y esa comprensión, fue un punto clave para poder llevar los altibajos de la espera.

Y cuando por fin llegó el momento, con ellos hemos vivido la alegría de nuestra asignación, han soportado con nosotros los nervios anteriores al viaje, los innumerables mensajes pidiendo consejos, y hubo hasta quien se levantó a las cinco de la mañana para conducir más de cuatro horas y estar en el aeropuerto a primera hora de la mañana, recibiéndonos a nuestro regreso con su amor y alegría.

Hoy en día, nuestros hijos juegan juntos, comparten experiencias y ves como a poco a poco van creando sus vínculos, sus juegos y picarescas. No hace tanto, sus padres estábamos imaginando como sería una vida con ellos, y ahora al verlos juntos, sabes que todo ha sido cómo tenía que ser. Y que gracias a ellos, tu vida se ha enriquecido, ya no solo por la maternidad, sino también por esas maravillosas personas que se han cruzado en el camino.

La adopción no sólo me ha recompensado con la oportunidad de ser madre, sino que ha supuesto un máster de aprendizaje en muchos aspectos de la vida, y uno de ellos ha sido el de la amistad. Nunca me he sentido tan querida y arropada como lo estuve a lo largo de este camino. Tanto por las personas que ya estaban y lo vivieron de primera mano desde el principio, como por todas aquellas familias de corazón que fueron apareciendo por el camino para quedarse en nuestras vidas.  A todas ellas, gracias por estar aquí, por ser como sois, y por haber engordado aún mas nuestros corazones. 




 Gracias por acompañarme hoy. Espero que disfrutéis del fin de semana. Nos leemos el próximo viernes.