Monocromo

viernes, 22 de julio de 2016

Mi vida detrás de la cámara tiene muy poco periplo, aunque a mi me parece que ha pasado un siglo. Pero no, solo hace apenas 6 meses que rescaté de un cajón la cámara reflex que teníamos en casa y que se le daba un uso más bien escaso. Aquella misma que yo jamás había tocado, preciado tesoro de mi marido y que a mi me daba hasta miedo coger por estropearla o que se me fuese a caer.

Sin embargo en enero, lo recuerdo a la perfección porque coincidió justo al regreso de pasar unos días con unos amigos y descargar las fotos en el ordenador, vi que la mayoría estaban mal, no reflejaban para nada lo que yo había visto y quería captar.

Empezó a crecer en mi una inquietud nueva, reflejar la infancia de mi hijo en imágenes y tener un recuerdo permanente e intimo de su niñez. Quería dejar constancia de nuestros momentos cotidianos, de sus gestos más comunes, de su día a día.

La necesidad de hacerle fotos a mi hijo, trajo consigo la búsqueda de inspiración, e instragram era la herramienta perfecta para encontrarla. Poco a poco, fui descubriendo cuentas que me inspiraban, imágenes que removían algo en mi interior. Aquello me fue guiando a la conclusión de que si quería sacar fotos decentes, debía al menos, tener algún conocimiento básico de fotografía. Así que me puse a buscar información por blogs, video tutoriales y un largo etc que me llevase al menos a intentar disparar en manual.

Aún recuerdo el día en el que descubrí el fotómetro de la cámara y cómo conseguir la exposición adecuada, no salía de mi asombro, estaba emocionadisima, como si hubiese pisado la luna y fuese el acontecimiento del siglo.

Aquello marcó un antes y un después en mi relación con la fotografía. Me enganchó muchísimo más, y me llevó a una sed de conocimiento increíble. Empezaba a sacar alguna foto con la que me encontraba a gusto, solo necesitaba más información y asesoramiento. Y ahí, hace tan solo un par de meses, comenzó mi periplo por algunos cursos online. Los cuales he intentado exprimir al máximo, releo apuntes y me dejo aconsejar por sus tutores.

Siempre pienso que mi experiencia en la fotografía es comparable a conducir un coche. Recién salida de la autoescuela sabes arrancarlo y llevarlo a duras penas a algún destino cercano. Las primeras veces estás tensa, te limitas a conducir, no disfrutas del recorrido, estás centrada en todas las tareas y parece que no tienes ojos ni manos suficientes para realizarlas, incluso apuras las marchas para no tener que cambiarlas, siempre conduces por un itinerario conocido, nada de improvisaciones o recorridos desconocidos. Poco a poco te vas sintiendo cómoda, incluso enciendes la radio y tarareas alguna canción, añades nuevos recorridos e itinerarios, hasta que un día te sorprendes conduciendo por una carretera y disfrutando del paisaje a tu alrededor, ventanillas bajadas y tu canción favorita en la radio, la tensión ha desparecido. Con la cámara me ha pasado exactamente eso, primero sentía casi hasta miedo al cogerla, ahora poco a poco, empiezo a disfrutar de su peso en mi mano, los ojos ya me van solos al fotometro y mis dedos calibran apertura y velocidad sin que mi cerebro tenga que recórdarselo dos veces.

Decir que soy novata es quedarse corta, para sacar una foto medianamente decente, disparo unas ochocientas antes, las cuales son para borrar directamente. Me queda muchísimo que aprender, mucho que leer, y ante todo, mucho que observar. Pero precisamente este último aspecto es el que más me gusta. He descubierto que la fotografía me hace estar más atenta a la belleza que me rodea y que antes yo no era capaz de vislumbrar. Ahora mismo estoy en esa fase, observando. Sé que el siguiente paso es capturarlo con mi cámara.

También ha habido una evolución en aquello que quiero fotografiar. Hasta hace cuatro días contados, en mi archivo fotográfico encontrarías un buen número de primeros planos de mi hijo. Luego esos primeros planos empezaron a dejar de serlo y cada vez más aparecía el entorno a su alrededor. Y hoy por hoy pues estoy experimentando cosas nuevas. Empiezo a llevar la cámara conmigo a casi todas partes y hasta incluso me he atrevido con algún robado.

Mi aventura con la fotografía no ha hecho más que comenzar, tengo las ganas y la ilusión de seguir adelante, de continuar abriendo esta mirada al mundo y a la vida que me rodea y ser algún día, capaz de congelarlo en una fotografía.

Al final de esta entrada os dejo una muestra de las imágenes que hetomado en las dos últimas semanas, las cuales están realizadas directamente en monocromo desde la cámara, sin editar, porque entre otras cosas, no sé. Me imagino que todo llegará, y que en algún momento sentiré la necesidad de editar o revelar mis fotos en programas como Photoshop o Lightroom, pero hoy por hoy, mi inquietud es conseguir realizar la foto bien desde el principio.

Pasar del color al blanco y negro ha supuesto para mi un esfuerzo adicional a la hora de tomar la foto. Al perder el color todo su protagonismo, me he dado cuenta que tengo que prestar más atención a la composición, al juego de luces y sombras, y a la textura de los elementos. Y puedo decir que el resultado me ha entusiasmado, se me ha abierto un abanico de posibilidades que antes no veía. No dejaré el color, porque me gusta y creo que hay fotos que funcionan muy bien así, pero el blanco y negro me ha enamorado, ha supuesto todo un descubrimiento. Os dejo que juzguéis por vosotras mismas.
Gracias por acompañarme un viernes más. Disfrutar del fin de semana. Un abrazo.










Al caer la noche, buscando el juego de luces...







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