Mientras Duermes

viernes, 19 de agosto de 2016

Mientras duermes estoy sentada a tu vera, escuchando tu respiración, mirando esa boquita de piñón que chupa suavemente el dedo pulgar de tu mano derecha. Tus largas pestañas se perfilan sobre la redondez de tus mejillas, y el azabache de tu linda piel contrasta hermosamente con la blancura de la almohada, y entonces, es cuando pienso que por mucho que te soñase, jamás hubiese imaginado una belleza tan grande.

Porque eres bello, pero no solo por fuera, el secreto de tu belleza reside en tu alegría. Esa alegría constante con la que nos regalas cada día. Tus sonrisas son perlas de felicidad que se expanden hasta tus ojos y brillan con un halo especial. Cuantas veces te imaginamos y que cortos nos quedamos.

Recuerdo aquellas tardes de invierno, con la lluvia azotando contra el ventanal del salón, sentados en el sofá, ambos con el mismo pensamiento: cómo sería compartir nuestra vida contigo, sentirte gatear por casa, escuchar tus primeras palabras. En ocasiones, entrabamos en tu habitación, vacía por aquel entonces, y por más que lo intentásemos, no sabíamos cómo sería llenarla para ti.

Y ahora que estás aquí, no hace falta llenar nada, porque tú lo completas todo, hasta el rincón más profundo de nuestro corazón. Mientras duermes, doy gracias por poder llamarte hijo.




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