viernes, 30 de diciembre de 2016

AMAR

viernes, 30 de diciembre de 2016



Esta no era precisamente la entrada que tenía pensada para el día de hoy, más bien tenía programada una reflexión sobre mi balance personal del 2016 y mis expectativas para el 2017. Pero mientras me encontraba acostando a mi hijo, me he quedado un ratito disfrutando del echo de verlo dormir, sentir su respiración y acurrucarme a su lado. 

A mi mente acudió un pensamiento que desde antes de ser madre, ya tenía en muchas ocasiones, ¿cuantos niños se ven privados de cariño y atención? ¿cuantos se acuestan cada noche sin un beso en su mejilla, sin una caricia y sin una mirada de amor? Entonces empecé a  pensar en todos los emails, mensajes privados y comentarios que me están llegando en los últimos días, no solo a mi cuenta personal, sino también a través de la de @desenredandoelhilo. Todos y cada uno de ellos, aunque parezca sorprendente, tienen un factor en común, el AMOR. 

Cuando amamos de verdad, somos más tolerantes con la persona a la que amamos, cuidamos el lenguaje que usamos para dirigirnos a ella. Probablemente también nos sale a flote nuestra generosidad y altruismo, no nos cuesta tanto ofrecer ayuda o un hombro donde llorar. Cuando amamos, nuestra paciencia con la persona amada es mayor,  y tenemos una mayor predisposición para mimarla y cuidarla.

Tolerancia, generosidad, altruismo, paciencia, cualidades tan necesarias en nuestra sociedad, pero que todas ellas se resumen en un mismo acto, el de AMAR.

Si cuando hablásemos lo hiciésemos desde el amor, seríamos más conscientes de respetar con nuestras palabras a la persona a la que nos dirigimos. Si cuando alguien necesita ayuda lo viésemos desde el amor, no nos costaría tanto ofrecerla. Si cuando viésemos a alguien sufrir, nuestra mirada la enfocaramos desde el amor, pensaríamos mucho menos en nosotros y en nuestras propias necesidades, e intentaríamos poner nuestro grano de arena para aliviar su dolor.

Así que meditándolo bien, mi deseo para el 2017 es que cada uno de nosotros, eslabones de una misma cadena, la de la vida, encontremos la capacidad de amarnos, y que el efecto de nuestras acciones sobre los demás sea el adecuado, y no añadamos sufrimiento y dolor a este mundo.

Gracias por acompañarme en mi último paseo de este año, os espero en el primero del año que viene. No os olvidéis de amar.




viernes, 23 de diciembre de 2016

Quién soy...

viernes, 23 de diciembre de 2016


Hace tiempo quería escribir sobre este tema porque lleva meses rondándome por la cabeza. Como madre de corazón, sé que llegará el momento en el que  mi hijo se cuestione su identidad, su filiación a nuestra familia y su papel como hijo dentro de la misma. Sí, es cierto que aun es pequeño, pero el terreno hay que ir preparándolo desde el principio.


Buscando información por internet sobre este asunto apareció un artículo interesantisimo, del cual os dejaba un pequeño extracto en mi perfil de instagram. Su autora, Marta San Martino Pomes, que no solo se limita a ilustrarnos sobre los mayores reveses que podamos encontrarnos, sino que además nos da las pautas para afrontarlos, distribuidos y adecuados a las distintas etapas de edad de nuestros hijos.

De entre sus párrafos hay varios que me gustaría destacar especialmente, y que a continuación os detallo:

 “¿qué trabajo mental debe realizar el niño adoptado para poder continuar sintiéndose sí mismo cuando pierde de un momento a otro todos sus puntos de referencia ambientales, tanto de objetos como de relaciones  interpersonales, de idioma, de sabores, de cambio de nombre, etc.?" - Me recordó tanto a mi primera entrada en el blog (disponible aquí)



"La herida del menor adoptado no es la adopción, es el abandono. El sentimiento de abandono genera un gran sentimiento de soledad, rabia e incomprensión. No se puede separar abandono y adopción. El sentimiento de abandono afecta directamente al vínculo y a la autoestima. Cuando una persona crece pensando que quien le dio la vida lo abandonó, piensa que es alguien “abandonable”. Ello le lleva a tener una mayor desconfianza en los vínculos y a pensar que todo vínculo que establezca puede romperse."


"Conviene pensar en profundidad en ¿qué significa ser padre?: ¿dar la vida, o criar y sentar las bases para el desarrollo del hijo? Padre es quien cuida (con todo su significado), quien ama, quien cría, quien convive con el hijo. Engendrar no nos constituye como padres si no hay una continuidad."



"Los padres adoptivos deben asumir que están haciendo un relevo: “otros” le han dado la vida y “ellos” le dan el resto. Desde el momento de la adopción todo el pasado biológico del hijo pasa a formar parte de la familia adoptiva. Debe ser una historia compartida por todos para que el hijo no se sienta solo con sus orígenes: como son suyos también son de los padres. El hijo no busca unos padres cuando piensa en su pasado biológico sino que busca completarse, llenar un vacío."


Esto solo es una muestra de lo esclarecedor y útil que a mi, personalmente, me ha parecido este artículo, si sentís más curiosidad podéis leer el articulo en su totalidad aquí 


Los padres adoptivos tenemos la responsabilidad de poner todo nuestro empeño en que construyan su identidad de la mejor manera, sabiendo que será la clave de su futura felicidad. Al igual que cualquier otro padre que ama, sufre, lucha y educa. A veces con las mismas preocupaciones, en otras ocasiones, diferentes, pero preocupaciones al fin y al cabo. Simplemente somos padres, sin adjetivos. 

Gracias por acompañarme en mi paseo de hoy. Aprovecho para desearos unas Felices Fiestas. Nos leemos.






martes, 20 de diciembre de 2016

@desenredandoelhilo

martes, 20 de diciembre de 2016


Logo diseñado por @jamesjack


Parece que hace ya un siglo del aquel día de finales de mayo de hace más de cinco años, en el que entrabamos por la puerta de la Consejería, dando los primeros pasos de nuestro proyecto de vida: ser padres.

Desde ese mismo momento nacía también la necesidad de conocer, hablar, intercambiar miedos, ilusiones, y sobretodo poder escuchar la experiencia de otros padres adoptivos. Al contrario de lo que ocurre con un embarazo, la adopción no es un tema del que puedas hablar con tus amigas mientras te tomas un café. Lo más probable es que nadie de tu entorno te pueda contar cómo fue su embarazo de elefanta, ni cómo sobrellevo la larga espera, o cómo fue el momento de su asignación. Nadie te dirá cuales eran sus temores, cómo vivió el encuentro con su hijo, ni cómo se desarrollaron las primeras semanas. Pero aún así tú necesitarás saberlo, necesitarás conectar con gente a la espera como tú, necesitarás enriquecerte con las historias de aquellas familias que han recorrido ese camino antes que tú.

Esa misma necesidad la sentimos cada una de las familias que nos embarcamos en el viaje de nuestra vida. Y así fue como la adopción trajo a nuestras vidas una red de amigos,  algunos ya los consideramos como familia, con los que vivimos todos los altibajos de nuestra espera. Esas largas charlas, llamadas telefónicas y miles de cafés fueron uno de los motores principales en ese embarazo interminable. 

Ahora como familia ya formada, y viendo el camino desde el otro extremo, esa necesidad de dar apoyo a familias que se encuentran donde nosotros estábamos no hace tanto tiempo, me parece una labor que no puedo eludir. 

Entre otros objetivos que iréis conociendo, es precisamente este, uno de los motivos principales por los que nace @desenredandoelhilo el proyecto que vio la luz ayer en Instagram y en el que mis compañeras @martigim @mariapomata @malenitapita @enmozan @almuchena y yo, hemos depositado todas nuestras ganas e ilusiones, y en el que esperamos nos ayudéis a dar forma con vuestras experiencias, vivencias e historias, porque la verdadera riqueza reside en lo que aprendemos de los demás.

Si aún no habéis tenido oportunidad de ver el maravilloso vídeo que Marta (@martigim) realizó para la presentación del proyecto, aquí os lo dejo. Ser bienvenid@s.




miércoles, 14 de diciembre de 2016

Enredadas

miércoles, 14 de diciembre de 2016


"Cuando las telas de araña se unen,
pueden atrapar un león"
(proverbio etíope)

En un momento dado de nuestro proceso de adopción, llegó a mi este proverbio etíope. Desde ese mismo instante lo hice mío, y como si de un mantra se tratase, me lo repetía a menudo, sobretodo en los momentos más duros. Me recordaba que mi marido y yo eramos un equipo, remando en la misma dirección y con el mismo sueño en nuestro corazón. Que juntos podríamos superar cualquier batalla. Lo he interiorizado tanto, que sigue formando parte de mi. Es mi lema, mi frase de guerra. 

Hace unos meses el famoso algoritmo de instagram me recomendaba el perfil de alguien que realmente me interesaba. La seguí durante unas semanas, y un día su mensaje me hizo revivir tantos instantes pasados, tanta incertidumbre. Sabía que acababa de llegar a uno de los valles de su montaña rusa particular, así que venciendo mi timidez decidí enviarle un privado.

De aquella decisión tomada en cero coma segundos, junto con los hilos que nos unían, me hicieron llegar hasta cuatro personas más, y en ese preciso instante nace nuestro grupo de seis madres, algunas con nuestros hijos en el hogar, otras con ellos creciendo en su corazón, pero las seis con las mismas inquietudes, ilusiones y miedos.

Y así es como estas seis arañas comienzan a tejer sus telas, a elaborar un tapiz cargado de largas conversaciones, proyectos y ante todo ganas de ayudar. Hace unos días, tuvo lugar un encuentro muy esperado y deseado. Unos días maravillosos donde pudimos, por fin, mantener en persona esas charlas que nos habían tenido en vilo horas al lado de nuestro teléfono móvil. 

Rodeadas de nuestras familias, de los juegos y risas de nuestros hijos, dimos las últimas puntadas a nuestras telas. Hemos reído y hemos llorado, hemos exteriorizado nuestros temores, nuestras ilusiones y poco a poco nos dimos cuenta que el tapiz está terminado, que es nuestro momento. Estamos preparadas, vamos a por a nuestro león.

 #desenredandoelhilo #muypronto 







viernes, 2 de diciembre de 2016

Gracias

viernes, 2 de diciembre de 2016

La semana pasada hablando de mis miedos os contaba que en un momento de mi vida, para superar el miedo a no ser madre, tuve que replantearme toda mi existencia como ser humano, y valorar que cosas positivas había en mi vida frente a las negativas. Este ejercicio de reflexión me ayudo muchísimo a valorar los pequeños momentos de felicidad, e intentar exprimirlos al máximo.

Años más tarde, en una de las clases de Disciplina Positiva a las que acudí, la ponente nos contaba que una de las pautas que aconsejaban realizar era la de al finalizar el día, sentarse cinco minutos con los niños y recapitular las cosas positivas que habían ocurrido durante el mismo.

Reconozco que aquello se me quedó grabado, pero A todavía era muy pequeño y no consideré que fuese el momento apropiado para incorporarla a nuestros hábitos, así que hasta hace poco no la introducimos dentro de nuestra rutina diaria. Pero ¿por qué no añadir también un agradecimiento?

He de reconocer que es uno de mis momentos preferidos del día, ya no solo por el hecho de compartirlo los tres juntos, que también, sino por que veo que funciona. Que acabar el día recordando aquellos gestos, actos u acciones que nos gustaron, nunca mencionamos cosas materiales, reconforta el alma, te da energías para afrontar el día siguiente, y lo que aún me parece más fundamental, creo que es una buena base para que en momentos difíciles nuestros hijos aprendan a buscar el lado positivo y no se dejen enredar por emociones negativas.

Otro factor que me gusta de esta práctica es que a través de la misma les incentivamos a comunicarse, compartimos un momento en familia, en el que todos escuchan a todos, aprendemos qué cosas hacen felices a nuestros seres queridos, y les enseñamos que la felicidad reside en los pequeños gestos. En esa sonrisa que llegó en el momento adecuado, o en la persona que te abrió la puerta cuando venías cargada de bolsas, o quizás en un rayo de sol que entra por la ventana y hace que te pares un instante para observar la vida al otro lado de la calle, o en ese ratito en el que los abuelos estuvieron jugando con nosotros. Si nos paramos a pensar, hay muchos motivos por los que dar las gracias cada día.

A lo largo de nuestra jornada diaria sufrimos un montón de estrés, siempre andamos a contrareloj y es probable que no nos percatemos de esos instantes que marcan la diferencia, por eso sentarse, hacer memoria, revivirlos y compartirlos con tu familia me parece importantísimo. Obviamente yo no soy ninguna experta en educación y me limito a daros una opinión personal sobre una costumbre que hemos implantado en casa y que me apetecía compartir.

 ¿Y vosotras ? ¿Que pequeñas cosas marcan la diferencia en vuestro día a día?