Un poco de magia

lunes, 27 de febrero de 2017

La luz del atardecer ha sido desde siempre, mi favorita, incluso mucho antes de que descubriera la fotografía. Cuando era pequeña, recuerdo escaparme colina arriba, a solas, para disfrutar de las bonitas puestas de sol que se contemplaban desde la casa de mis abuelos. Eran momentos de paz y de conexión conmigo misma. Era aquella niña que caminaba entre la hierba alta (ver aquí)

Ahora esa niña ha crecido, pero sigue buscando esa misma luz, esa conexión. Ahora, cámara en mano. Ese instante a solas, en un paraje bañado por destellos dorados, hace que me pare en el aquí y en el ahora. Me observo contemplando el alrededor, buscando esa magia y si hay suerte, poder captar una poca. 


Tanto la lectura como escribir o cocinar son aficiones que me producen serenidad, pero la fotografía al atardecer tiene algo especial para mi. Me aporta esa sensación de pertenecer a algo más grande, me recuerda lo afortunada que soy por vivir el presente. Ese momento me despoja de las cargas diarias, de las preocupaciones, de la lista de tareas sin cumplir, y me deja a solas conmigo misma. La respiración se vuelve más profunda, me concentro en lo que observo a través del visor de la cámara, y disfruto de esa sensación, de ese instante. En ocasiones, solo es cuestión de minutos, y una voz me devuelve a la realidad, pero la magia ha obrado su efecto, y ese día mi espíritu se siente más libre. 

Os dejo con una selección de imágenes de uno de esos instantes. Feliz semana.





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