Y ahora qué...

viernes, 3 de febrero de 2017


Esa frase puede resumir bastante bien la sensación con la que nos quedamos la mayoría de las familias llegado a un punto concreto de nuestro proceso de adopción. Tras la vorágine de entrevistas, búsqueda de ECAI, recopilación de documentación, legalización de la misma y llegada al país de origen, comienza un período en el que solo cabe esperar, y es justo ahí, cuando dices "y ahora qué..."

Como ya conté alguna vez por aquí, nuestro proceso duró más años de los que en un principio habíamos pensado. Varios cambios de proceso en el país de origen nos afectaron de manera directa, y alargó la espera mucho más de lo que jamás hubiésemos pensado. Gracias a todos los altibajos que pusieron a prueba nuestra paciencia, aprendí a distinguir que pautas dentro de mi comportamiento me ayudaban o me perjudicaban a la hora de afrontar mi espera.


La Lectura

El período de espera es un buen momento para comenzar a profundizar en nuestro conocimiento sobre la adopción. A pesar de las charlas preadoptivas y de los cursos, nuestras nociones sobre el tema son ínfimas. Nos queda mucho que aprender. Es hora de sacar la bibliografia que nos hayan recomendado desde nuestra consejería y/o ECAI, escoger un par de libros y sin agobios, ni prisas, comenzar a asimilar los fundamentos de lo que será nuestra maternidad. Si recordáis, justo el otro día os hablé del primer libro que leí en ese período, (pincha aquí si te apetece leerlo de nuevo)


La Discreción

Después de recibir la idoneidad y de ver que por fin, tu proyecto de familia parece una realidad, es muy fácil dejarse llevar por la euforia del momento y caer en la tentación de contárselo a la mayoría de las personas que nos rodean, independientemente del grado de confianza que tengamos con ellos. Aquí cada persona es un mundo, y habrá quién decida gritarlo a los cuatro vientos, y quien prefiera compartirlo solo con familiares y amigos muy cercanos. En nuestro caso fuimos más por la segunda opción, y pasado el tiempo, puedo decir, desde nuestro punto de vista, que era justo lo que necesitábamos. 
Es muy raro que el tiempo de espera orientativo que te facilitan al principio del proceso se cumpla. Eso quiere decir que la incertidumbre y el nerviosismo que vas a sufrir, aumentará. Si además, cada vez que sales a la calle te encuentras a alguien que te pregunta que qué tal va lo tuyo, añades aún más estrés a la situación. Habrá momentos en los que no te apetecerá que nadie te pregunte sobre el tema, salvo esa amiga o familiar con la que tienes confianza y con la que sabes de antemano que podrás trasladarle tu frustración y miedos. 


La Indiscreción

Si antes justo hablaba de la discreción con la que tú vas a llevar tu espera, hay otra contrapartida que se da irremediablemente, la indiscreción del resto de personas. Sepan o no el camino que hayas emprendido, vas a encontrarte en situaciones en las que tendrás que afrontar preguntas imprudentes, del tipo ¿los niños para cuando? se te va a pasar el arroz, ¿que os pasa, no podéis tenerlos? o si lo saben, afirmaciones del estilo de: no te preocupes, ahora que te has relajado, seguro que te quedas embarazada. 
Quien más y quién menos que haya emprendido la adopción como el camino a su maternidad, ha oído una o varias de estas expresiones. Al final aprendes a convivir con ellas, y sirven como un entrenamiento estupendo para el aluvión de preguntas que te llegarán una vez tu hijo haya llegado a tu vida.


Establecer relación con otras familias adoptivas

Suele ser bastante frecuente que al comienzo del proceso, no conozcamos a otras familias adoptivas. Pero ya sea bien a través de nuestra propia ECAI, asociaciones de padres adoptivos o incluso de las redes sociales, establezcamos relación con otras familias durante nuestra espera. Algunas estarán también a la espera, y otras ya estarán formadas. En ambos casos, para mi fue una auténtica bendición que aparecieran en mi camino. Poder hablar de manera franca, sabiendo que estaban pasando o habían pasado por mis mismos miedos, inquietudes y preocupaciones, me reconfortaba  y me enriquecía muchísimo, así como el mirar a sus hijos, y ver que la adopción era algo tangible, existía. Ellos eran la prueba.
Ojo, porque también esta puede ser una arma de doble filo, y con lo que le gusta a nuestra mente ponerse en modo dramático, en vez de alegrarte de que esas personas aparezcan en tu vida, habrá momentos en los que estarás preguntándote que tú para cuando, si vas a ser la mamá elefanta en eterna espera. Añadiendo así, un ingrediente más a nuestra espera, la autocompasión.


No dejarse arrastrar por los foros y redes sociales

Desde que internet está en nuestras vidas, tenemos la información al instante. Pero en muchas ocasiones esa información no está contrastada, no es veraz. En la adopción, donde están en juego sobretodo los sentimientos y las emociones, es muy fácil dejarse arrastrar por comentarios o rumores que nos llegan desde las redes sociales o foros de adopción, sin haberlas filtrado antes, y sin saber si son ciertas. Esto nos lleva a sufrir por adelantado por acontecimientos que probablemente nunca se lleguen a dar. Añadiendo, una vez más, otro buen puñado de ansiedad a nuestra espera. 
Además la incertidumbre que rodea toda la espera, y en ocasiones la falta de noticias durante largos periodos de tiempo, crean el campo de cultivo adecuado para dejarse llevar por la alarma creada.
Aunque nunca me suscribí a ningún foro, y evitaba las redes sociales, es casi inevitable que las mismas familias con las que te relaciones sean portadores de rumores y noticias. Al principio, yo era más impresionable y me afectaban, pero con el tiempo aprendí a ponerlas en cuarentena, a conocer también al portador y saber si era una persona que de por sí dramatizaba la situación. 


No montar la habitación infantil

Como cualquier madre a la espera, lo que te apetece es ir adecuando tu hogar a ese hijo que esta al otro lado del hilo, pero aquí hay una gran diferencia con respecto a un embarazo. Las madres de corazón no sabemos cuanto tiempo va a durar esa espera, ni el sexo del bebé, ni incluso su edad. Ni tampoco tenemos ecografías trimestrales que nos digan que todo sigue su curso y nos relajemos.
En momentos bajos, que los tendrás seguro, puede que no te ayude nada llegar a tu casa y lo primero que veas sea una habitación infantil montada y... vacía. Añadirá mas tristeza a tu espera. Con esto no quiero decir que no compres nada, algo especial que sientas que es para tu pequeño. Yo en mi caso compré cuentos y algún peluche, que hoy en día se han convertido en posesiones imprescindibles para mi hijo, pero que en su momento, yo podía guardar en un cajón, y no me suponían un recuerdo permanente de su ausencia.

Crece

La espera es un período, a menudo largo, en el que aflorarán en ti emociones que nunca antes quizás hubieses sentido o en menor intensidad de lo que lo harán ahora. Aprovecha para explorarlas, para ver que te hacen sentir, analízate. Descubre cuales son las que quieres incentivar y cuáles te hacen daño, potencia las primeras y planta frente a las segundas. Mi tiempo de espera lo recuerdo como la etapa de mi vida en la que más crecí interiormente, en la que empecé a dislumbrar que tipo de persona quería ser y puse remedio para conseguirlo. De ese enriquecimiento no solo te verás tú beneficiada, sino que tu pareja y entorno también, y supondrá un salto muy importante hacia el tipo de madre que vas a ser. 

Como siempre me gusta recalcar, no soy quien para aconsejar a nadie, esto simplemente es una recopilación de hechos basados en mi propia experiencia. Y cómo no, me gustaría saber los vuestros ¿Cómo vivisteis vosotras la espera? 

Foto de Noelia Villanueva

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