Aprender a (Con)Vivir

viernes, 31 de marzo de 2017


Desde hace un tiempo una de las cuestiones que más me preocupan como madre es que mi hijo sufra dolor. Sé que será así, y que en algún momento en la construcción de su historia, el dolor aparecerá en su vida. 

Se planteará miles de cuestiones, algunas con respuesta, otras sin ella. Aparecerán nuevos temores, algunos quizás subyacentes y escondidos, como el miedo al abandono. Quizás miedo a preguntar, a querer saber, a aceptar su historia. Son tantos los temores que pueden surgir, y por los que sufrir. 

Como madre es complicado saber y aceptar que esto va a pasar, pero sé que una gran parte de cómo afronte estas situaciones mi hijo, dependerán de las costumbres y pautas que le inculquemos en su infancia.




Desde el primer momento, A nos ha escuchado leerle, al principio lo hacíamos sobre todo para que se familiarizase con nuestras voces, también como forma de darle seguridad, era un momento de calma, en brazos de papá y mamá. 

Ahora la lectura ya no solo incluye esa situación más romántica, sino que también la estamos utilizando como herramienta para hablar, inculcar y educar.

Aprovechamos ese momento del día, donde estamos relajados y contamos con toda su atención, para centrarnos en aspectos de su educación que sabemos que va a necesitar. 

No seguimos una pauta en concreto, sino que él propiamente nos la va marcando con el libro que escoge como lectura cada noche, ya que la mayoría de los libros que forman su biblioteca personal, trabajan de algún modo, aspectos importantes.

Precisamente, esta temporada estamos leyendo mucho la historia de Arandú (Cuentos para Aprender a Convivir de Begoña Ibarrola), donde su protagonista se pierde en la selva, y a través de la gran aventura de encontrar el camino de regreso a su poblado, conocerá a varios animales que le enseñaran cualidades imprescindibles para convivir en armonía. 

La valentía: aceptación y superación de los miedos (me recordó tanto a cómo yo aprendí a superarlos, ¿te acuerdas? lo conté aquí)  

La amabilidad, no solo de palabra, sino también en actos. La honestidad, la cooperación, la autonomía, el esfuerzo, la paz, la responsabilidad y la gratitud (en casa, entre otras cosas la trabajamos así) Son tan importantes ¿Verdad?

Creo que a veces damos por hecho que estas cualidades están ahí y vienen con el lote, o que de forma milagrosa surgirán, pero casi no pensamos que además las podemos incentivar y potenciar. 

Si Cuentos para Educar Niños Felices estaba entre uno mis favoritos, con Cuentos Para Aprender a Convivir me reafirmo en que los libros de Begoña Ibarrola son una auténtica joya. Nos ayudan a explorar nuestras emociones, nos enseñan valores y fomentan el diálogo, tan importante, entre padres e hijos.

Quizás si les damos las herramientas sanas y adecuadas para que aprendan a vivir plenamente, no se limitaran a supervivir.


Y en vuestra casa ¿hay algún libro que os guste especialmente por el mensaje que traslada? ¿me lo cuentas? 

Sería bonito elaborar un listado, ayudarnos a descubrir nuevas historias y tenerlo como inspiración y consulta. ¿Que me decís?



Buen fin de semana, os espero la próxima semana para un nuevo paseo.


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