viernes, 28 de abril de 2017

Visible

viernes, 28 de abril de 2017


Ayer me sucedieron dos situaciones que aparentemente no tenían nada que ver una con otra, pero al final estaban más relacionadas de lo que yo pensaba, al menos en mi cabecita.

La primera sucedió cuando iba conduciendo hasta el trabajo, llevaba la radio encendida, cosa que no suele ser habitual, últimamente cada vez me gusta más conducir en silencio y prestar más atención a mis pensamientos.

Pienso que las cosas no ocurren por casualidad, y ese día, precisamente necesitaba algo de música, cuando justo entre canción y canción un cuña publicitaría llama mi atención. Una famosa marca de galletas busca héroe para protagonizar su próximo anuncio.

Mi mente rapidamente hizo la asociación entre las palabras héroe y valentía, y puedes imaginarte en quiénes pensé. Sí, en ellos y ellas, en nuestros hijos/hijas del corazón

La valentía no se trata de no sentir miedo, sino de ser capaz de superarlo, y a día de hoy no conozco a nadie de tan corta edad que demuestre más valentía que nuestros hijos, ¿te acuerdas que te lo conté en la entrada de bienvenida del blog?

Esa misma tarde, tenía que acudir al dentista, muy cerca de casa de mi padre, quién se iba a quedar con A el ratito que yo estuviese en consulta.

Llegamos un poco pronto y decidí tomarme un café antes de que llegase la hora de mi cita.

Nada más entrar en la cafetería, dos mujeres fijaron su mirada en nosotros. Estoy acostumbrada, suele ocurrirnos a menudo. Aún resulta llamativo ver a una mamá blanca con un hijo negro.

Durante todo el rato que estuvimos allí, fuimos su centro de atención. Sin disimulo alguno.

Minutos más tarde, sentada ya en la consulta del dentista, un pensamiento enlazó con otro, y de repente mi mente hizo click

Las familias de colores estamos acostumbradas a ser el centro de atención allá donde vayamos, se fijan en nosotros, pero sobretodo en nuestros hijos. Todo es susceptible de atención, cómo visten, cómo hablan, qué hacen, cómo tienen el pelo, los ojos.  Somos demasiado VISIBLES cada vez que salimos a la calle.

Sin embargo, hay otra realidad paralela en la que nuestra visibilidad brilla por su ausencia. Si no sabes de que te hablo, solo tienes que encender la televisión y prestar un poco de atención a los anuncios y no hablemos ya de las series de televisión nacional.

¿Cuantas personas de otra raza protagonizan un anuncio? ¿Has visto a una persona negra, asiática, hindú... protagonizar el anuncio de un vehículo? ¿Has visto a alguna familia de colores desayunar felizmente en el anuncio de alguna marca de  leche, cereales o bollería? Yo no.

Se supone que una buena campaña de marketing pretende llegar al público, identificarse con sus necesidades (o crearle unas nuevas) y ofrecerle el producto que las cubra.

Si esto es así en la teoría, señores publicistas les digo que en la práctica están suspendiendo. Les recomiendo que salgan de sus oficinas, se den un paseo por los colegios, los parques infantiles, abran bien los ojos, incluso un buen paseo por las redes sociales, y fíjense que la sociedad está cambiando.

Que nuestra población cada vez es más diversa, diferente y engloba diversas etnias y razas. Que esos niños/niñas que ven jugar, dentro de unos años serán adultos, y no se verán identificados en sus estudiadas campañas publicitarias. Como tampoco ahora, nos vemos identificados nosotros, sus padres. 

Sé que es mucho pedir, pero algún día me gustaría encender el televisor y ver a un bebé, con su piel bruna protagonizar un anuncio de productos infantiles, o tal vez que una preciosa niña de ojos rasgados me sonría desde el otro lado de la pantalla diciéndome lo bonito y suave que le queda el pelo con su nuevo champú.

Solo quizás, si esto ocurre, la próxima vez que una familia de colores entre en una cafetería, haya dos personas que no tengan que girarse, porque no habrá nada nuevo que ver.

Gracias por acompañarme un viernes más, te espero la semana que viene.





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viernes, 21 de abril de 2017

Descubriendo Oporto

viernes, 21 de abril de 2017

Hoy te propongo un paseo especial, lleno de color, luz, fados, calles adoquinadas y sabor a buen vino. 

Enciende los altavoces, disfruta de la música que te he preparado, detente en las calles, no tengas prisa, observa, siente el sol y los colores de la ciudad. Oporto te da la bienvenida. 
Disfrútalo. 


Ribeira y Puerto de Gaia

En la parte baja de la ciudad y separados por el río Douro, estos dos barrios son famosos por sus bodegas, terrazas, puestos callejeros, y por el puente de Luis I que los une.



Parte Alta de la Ciudad

Perfecta para callejear por sus calles adoquinadas, perderse en sus tiendas, disfrutar de sus iglesias de fachadas azulejadas y saborear alguno de los dulces de sus innumerables confiterías.


Mercado do Bohlao

Decadente, entrañable, podría pasarme horas allí sentada, observando el ir y venir de la gente, la peculiaridad de sus vendedores. Visita obligada.




Estación de Sao Bento

Me despido del paseo de hoy con un momento mágico, el atardecer a través de las cristaleras de una de las estaciones más bellas del mundo.

Espero que hayas disfrutado del viaje de hoy, lo he preparado con mucho cariño. 

Gracias por acompañarme, nos vemos el próximo viernes. 





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viernes, 7 de abril de 2017

Anhelos

viernes, 7 de abril de 2017


En los años anteriores a la llegada de A, cuando ya teníamos nuestro proyecto de familia creado, cada vez que se acercaba el fin de semana escuchaba a las personas de mi entorno los planes que realizaban para pasar tiempo en familia. E inevitablemente yo me preguntaba cuando sería yo la que los hiciese, incluso a veces hasta me los imaginaba.

Aquel mundo parecía inalcanzable, ¿de verdad yo en algún momento llevaría por primera vez a mi hijo al cine? ¿o acudiría a sus partidos de fútbol? ¿llevaría mi coche cargado de miles de juguetes camino a la playa? ¿echaríamos partidas al Parchís en las tardes de lluvia?

Quizás si no has vivido un proceso de adopción, te estés diciendo que menuda tontería, pero tras ocho años esperando formar una familia, créeme que puedes llegar a anhelar vivir cosas como estas. 

Yo anhelaba ser esa mujer que entraba por la puerta de la oficina con unas ojeras enormes, tras haber pasado la noche en vela por el virus de turno.  Anhelaba pasar frío en los entrenamientos de fútbol. Anhelaba ser esa mujer a la que se le olvidaba meter el mandilón en la mochila los lunes por la mañana. Anhelaba ser esa mujer con los hombros eternamente manchados de restos de leche y comida. Porque esa mujer, precisamente esa, tendría a su hijo entre sus brazos.








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