viernes, 26 de mayo de 2017

Nuestra Familia

viernes, 26 de mayo de 2017



Me encuentro sentada en un banco de madera. La sala de espera es más grande de lo que yo me esperaba, está amueblada con varias filas de bancos, ocupados por familias de varias nacionalidades.  Les observo, intentando averiguar si están tan nerviosos como yo. 

Tu padre cada poco me coge de la mano, hemos remado juntos todo el camino, yo he sido su bastión y él, el mío. 

A mis pies, mi mochila, la hice y re hice mil veces anoche, revisando que todo estuviera en su sitio, un peluche, los pañales, las cremitas, la ropita.

Decir que estoy nerviosa, es quedarse corta. Después de un cambio de proceso, varios meses de espera y renovando documentación, nosotros, junto con varias familias más, somos los primeros en viajar en mucho tiempo. 

Me devano la cabeza pensando que surja algún inconveniente de última hora. Estoy tan acostumbrada a ir sorteando los imprevistos, que ya me espero uno en cada esquina.

Empiezan a llamar a las familias, van pasando de una en una y mi nerviosismo se acentúa al ver que en cualquier momento pronunciaran nuestros nombres.

La sala pasa de ser una concentración de nerviosismo, a ser una mezcla de emociones. Las familias que esperamos observamos nerviosos y emocionados a aquellas que salen del despacho. Algunos sonríen, otros lloran. Y yo mientras tanto no hago más que pensar que es el último paso, que por favor no falle nada.

Después de abrazarte, olerte, besarte y tenerte entre mis brazos, no sé como afrontaría un revés justo en el último momento.

De repente, alguien pronuncia nuestros nombres. Es nuestro turno. Entro en la sala, el corazón me va a dar un vuelco. Nos hacen varias preguntas. Fijo mi mirada en la representante de nuestra ECAI.

Me sonríe, y me aferro a esa sonrisa. Y por fin el juez pronuncia las palabras que yo llevaba tanto tiempo esperando escuchar, es oficial, somos una familia.

No recuerdo el haberme levantado, ni el haber recorrido los pasos que me llevaban hasta el pasillo, en mi mente solo tengo una imagen: salir pegada a tu padre, abrazarnos a llorar emocionados junto con el resto de familias que nos esperaban afuera. 

Junto a la acera, una furgoneta blanca nos espera.

Siguiente parada: tú, por siempre tú.






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viernes, 19 de mayo de 2017

Eye Gel de Crea-m

viernes, 19 de mayo de 2017




Durante mi adolescencia sufrí un período de acné bastante severo, concentrado sobretodo en la zona T de mi rostro. 

Además, en mi entorno cercano había un caso de una persona que lo había tenido y sus marcas estaban ahí para constatarlo. Debo confesar que aquello me acomplejó muchísimo y me aterrorizaba que mi piel sufriera el mismo destino.

Por suerte, la hija de la dueña del salón de belleza donde acudía mi madre estaba allí una tarde que decidí acompañarla. Justo era experta en lesiones de la piel y me recomendó un tratamiento.

Desde aquel momento, tanto mis hábitos alimentarios como mis inexistentes cuidados de la piel, sufrieron un cambio drástico.

Mi ingesta de fruta y verduras aumentó, tuve que hacer grandes esfuerzos por dejar de comer chucherías, las frituras las cambié por alimentos a la plancha o al vapor, y en mis cenas había casi seguro una buena crema de hortalizas.

Como añadido, comencé a dedicarle cuidados a mi piel. A mis 16/17 años era algo que no hacía, y que la verdad, ni se me había pasado por la mente. 

Cuando mis compañeras de instituto estaban experimentando con maquillajes, sombras de ojos y rimel, yo estaba dedicando mis esfuerzos en mantener la piel de mi rostro sana y libre de los dichosos granos.

Cada mañana y cada noche, mi rostro recibía una buena sesión de limpieza, hidratación y nutrición. Las leches limpiadoras, aguas micelares y cremas se convirtieron en un imprescindible en mi neceser personal. Costumbre que he mantenido hasta la actualidad.

Ahora que estoy a punto de entrar en la cuarentena, soy consciente que debo introducir algún producto más a mis cuidados diarios. Pero a veces por pereza y otras por falta de tiempo, no me había parado a buscar un buen contorno de ojos, cuya calidad precio fuese aceptable.

Así que cuando de la mano de Madresfera, surgió la posibilidad de colaborar en la campaña de Sello de Calidad del Eye Gel de Crea-M, me pareció la oportunidad perfecta para introducir este nuevo producto a mi rutina diaria.

¿Conoces la marca? Para ser sincera yo he de decir que no la conocía. Así que mi valoración comienza desde cero, te cuento mis impresiones:

En primer lugar te sorprende el cuidado con el que envían cada producto, individualizado en una sencilla cajita de cartón. El diseño bicolor y minimalista del envase remata la imagen de la marca. 




Hay una cosa que valoro especialmente en los artículos de cosmética, y es el aroma. O más bien diría la discreción del mismo. 

Llámame rara, pero no me gusta que los productos de belleza e higiene personal, tengan un aroma demasiado intenso. Prefiero que no resten protagonismo a mi perfume habitual. 

Además, cuando el perfume procede de algún producto utilizado cerca de los ojos, suele producirme escozor en los mismos. De ahí que me gustase tanto que el Eye Gel de Crea-M sea super discreto en este sentido.

Otro añadido es su textura en forma de gel, me resultó muy cómodo a la hora de aplicarlo, mi piel lo absorbía rápidamente, pudiendo aplicar el maquillaje casi de inmediato por las mañanas. 

Y para mi lo fundamental, requisito imprescindible que busco en cualquier producto de belleza, ya sean champús, maquillaje o cremas: que esté libre de parábenos.  

¿Y los resultados? Siendo sincera, no soy una persona demasiado ojerosa, ni tampoco tengo bolsas, así que es posible que no me haya beneficiado de todo su potencial, pero sí he notado cambios. Sobretodo en el estado de la piel, está mucho más hidratada y su tono se ve más unificado.

Su uso diario me ha dejado claro que tengo que empezar a mimar esa zona de mi rostro. Al fin y al cabo es la que enmarca nuestra mirada, nuestro espejo, la que no necesita palabras para hablar.




Entrada realizada para el Sello de Calidad de Eye Gel Crea-M en colaboración con Madresfera.

Si te gustaría informarte sobre más productos de la marca Crea-M no dudes en visitar su página web.

Te espero el próximo viernes con una entrada muy especial. No me falles.








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viernes, 12 de mayo de 2017

Empatía

viernes, 12 de mayo de 2017


empatía
  1. nombre femenino
    Participación afectiva de una persona en una realidad ajena a ella, generalmente en los sentimientos de otra persona


En las últimas semanas mi hijo me ha sorprendido mucho con su capacidad de entendimiento y razonamiento. Cuando hace tan solo unos meses era un lorito que todo lo repetía, ahora enlaza ideas, las desmenuza y saca sus propias conclusiones.

Si antes ya procuraba que en su entorno se utilizase un lenguaje adecuado en su presencia, ahora me parece aún más imprescindible ser exigente y estricta en este asunto.

Quizás estés pensando que me refiero a los tacos u expresiones soeces, que también, pero sobretodo me refiero a otro tipo de lenguaje.

En mi entrada de hace un par de semanas hablaba de la visibilidad a la que estamos sometidas las familias de colores cada vez que atravesamos el umbral de nuestra puerta.

Unido a ese escrutinio, en ocasiones y disfrazada de empatía nos llega la incontinencia verbal. No es una expresión que me guste especialmente, pero no encuentro otra forma de definirla.

Se da la particularidad de que cuando saben que has adoptado, intenten empatizar contigo. Casi puedes intuir como su cerebro empieza a conectar neuronas hasta dar por fin con un conocido de un conocido que también lo ha hecho. Y ahí viene el temido "conozco a". 

Entonces comienza una perorata de como le ha ido a esa familia, como ese niño ha ido creciendo hasta convertirse en una persona de bien, responsable, cariñoso y trabajador. Pero aún falta lo mejor, la frase de cierre: "Ay chica que suerte tuvieron. Es tan bueno. Casi casi como si lo hubiesen tenido ellos".

Y ahí es cuando, después del cabreo, me invade la tristeza. ¿De verdad tan desconocidas somos las familias de corazón? ¿De verdad alguien no es capaz de discernir que hemos tenido a nuestros hijos? ¿Que los hemos gestado en nuestros sueños, en nuestro corazón y en cada uno de nuestros pensamientos? 

Y lo más grave ¿De verdad alguien no es capaz de intuir que comentarios de ese estilo pueden dejar huella en la mente del pequeño que está jugando a su alrededor?

Cada vez que intuyo que una conversación puede tomar derroteros de este estilo, huyo. 

Como dice una sabia amiga, el lenguaje lo es todo, hagamos un buen uso de él. 


Gracias por acompañarme un viernes más. Buen fin de semana.






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viernes, 5 de mayo de 2017

Dudas

viernes, 5 de mayo de 2017


Se acerca el Día de la Madre y con él llega un revuelo de emociones.

Hace tan solo unos años, dicha celebración no suponía ninguna diferencia en mi vida, salvo el tener que encargar el centro de flores que siempre le regalaba a mi madre. No había mejor regalo para ella que abrir la puerta y encontrarse con un ramo de flores. Las amaba.

Pero para mi aquel día no era especial, porque no necesitaba esforzarme en hacerle saber que la quería. Eso lo hacía en el día a día, mi madre era el centro de nuestro hogar, lo era todo.

Cuando ella faltó, el Día de la Madre comenzó a ser un día de sentimientos encontrados, de una sensación de tristeza y donde afloraba una de las dudas que más me asaltaban después de su fallecimiento. ¿Le habré dicho suficientes veces que la quiero? ¿Se lo habré demostrado?

Creo que a todas aquellas personas a las que nos falta un ser querido, antes o después, nos pasan por la mente esas mismas preguntas. Sabemos que se lo hemos demostrado y que se lo decíamos hasta la saciedad, pero aún así, sentimos que siempre se lo podríamos haber dicho y demostrado en más ocasiones.

Es una sensación rara, no llega a ser de culpabilidad, porque tú sabes que has hecho lo que debías, que has estado cuando te necesitaban, y cuando no, también. 

Sabes que le has demostrado con palabras y hechos que esa persona era importante para ti, pero aún así, te preguntas si fue suficiente. Si alguna vez sintió que le fallabas.










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